jueves, 22 de mayo de 2008

Una tarde de lluvia... y una maleta

Ayer tarde el cielo amenazaba tormenta, pero la temperatura era buena.



No, no voy a dar el parte meteorológico. Voy a contar que extrañamente se me antojó pasear, sola, por las calles de mi pueblo. Dejé el móvil y la chaqueta en casa, y me fui, a cuerpo gentil, a dar un paseo. La mano derecha en mi bolsillo jugaba con las llaves de casa. La izquierda, libre, tocaba las cosas que, curiosas, surgían a mi paso. A veces farolas, a veces flores… se me acercaban y me saludaban, como si llevaran tiempo sin verme. Y yo, agradecida, las acariciaba.

Y miré con otros ojos las calles; la luz me ayudó. Era una luz suave y a la vez brillante. El sol estaba escondiéndose un poco tras la montaña, un poco tras las nubes oscuras. Pero sus rayos, rebeldes, luchaban por no esconderse y seguir iluminando mis pasos.

De pronto una ráfaga de luz y seguido un estruendo. Agudizo el olfato… Ya está aquí, llegó la tormenta, la huelo. Huelo los campos mojados, ese olor tan característico a lluvia de verano. Lo se, no estamos en verano, pero ayer tarde llovía verano. Una suave cortinilla de agua empezó a caer sobre mí… no era fría, era casi una caricia. No aceleré el paso, al contrario. Caminé lenta, despacio, disfrutando cómo las gotas me iban mojando, limpiando, sanando… ese suave aroma me invadía y me serenaba… y la luz, cada vez más suave, guió mis pasos de nuevo hasta casa, con una sonrisa en los labios.



Y entonces la lluvia arreció, y yo la miré desde el cristal de mi ventana. Una gota, dos... resbalaban separadas haciendo surcos sinuosos. Seguí a una de ellas con la yema de mis dedos. La vi unirse a otra y seguir surcando el ventanal en busca de más gotas que devorar. Devoró tantas que al llegar al alféizar se derramó de golpe y formó un charco que poco a poco fluyó hacia el borde y cayó sin remedio hacia el asfalto.



Me he comprado una maleta. Una grande y azul aguamarina. Está vacía, por ahora. Pero quiero llenarla de sueños, de viajes sin retorno o viajes de ida y vuelta, de espuma de mar, de polvo de estrellas, de pegatinas. Quiero llenarla de ilusiones, de todas, las perdidas, las vencidas, las dormidas, las soñadas tantas veces. Por eso es grande, y azul, azul aguamarina. Porque en el mar todo cabe, sobre todo sueños impermeables que flotan, sueños que no mojan las lluvias de verano ni de primavera. Ilusiones florecidas en tormentas de silencio. Quiero tirar descalza de ella, mientras llueve y yo me mojo. Y pisar la arena, o las rocas, o alfombras persas. Quiero salir de viaje con ella y será mi compañera. No caminaré sola, sino con ellos y ellas, sueños, esperanzas, ilusiones, ideas… Y tras mis pasos se oirán sus ruedas.



Hoy el suelo está mojado… ha terminado la tormenta. Y en unas horas será de noche, ya ves… parece que fue hace un rato cuando amanecía…

miércoles, 21 de mayo de 2008

Puzzle

Ayer me di cuenta de que parece que me voy vendiendo por fascículos. Y es que un día cuelgo mi sonrisa, otros mi mirada y por último mis pies. Parezco un puzzle. Y me vino a la memoria aquél post que escribió Pequeña hace ya unos meses y que sentí mío, porque me identifiqué por completo con ella. Ya se lo pedí prestado entonces y sé que no le va a molestar que lo vuelva a colgar aquí, para refrescar mi memoria.

Sonrisa puesta y ojos risueños. Risilla intercalada cada dos frases y siempre dispuesta a regalar una carcajada. Cualquier pique recibe como respuesta una imagen, bien clarita, de una lengua. O un mohín airado, demasiado exagerado para ser creíble.

Cabezota. Para lo bueno y para lo malo. Algunas discusiones se eternizan. Si se decide que se va a conseguir algo, no importa lo que se tarde, a por ello hay que ir. Ceño fruncido ante problemas
sin resolver. Mirada obcecada a la pantalla del ordenador cuando el p... descuadre señala 0.01.


Indecisa. Insegura. Los nervios a flor de piel siempre. SIEMPRE. El estómago y el sueño se resienten. Días sin comer y noches de mil vueltas en la cama. Los engranajes del cerebro siempre crujiendo. Ideas rebotando constantemente en la cabeza.

Serena. El control de la situación siempre en las manos. Con una "aparente" capacidad para la calma. Nadie adivina el nerviosismo. Siempre saliendo de la boca la palabra precisa. (Aunque por dentro, y esto es un secreto, mil demonios trastoquen tu funcionamiento)

Decidida. Valiente. Tomar decisiones y saber que se llevarán a cabo. Contra vientos y mareas. Aunque por dentro se tiemble, se dude y el germen del arrepentimiento intente hacer mella.

Capaz de decir lo siento. Diciéndolo sincera, con la mirada fija
y el corazón abierto. A veces la decisión y la cabezonería nublan la visión. Pero siempre hay alguien que ayuda a abrir los ojos. Nunca negarse a decir lo siento.


Llorica. Esa lágrima fácil mojando la almohada, mientras los brazos abrazan a las rodillas o a ese peluche tan acostumbrado a la salobridad del llanto.

Fuerza. Genio. Nunca aceptar que algo duele. Ironía ante los
envites. Reírse de todos, de todo y de ti. Mirada alta y paso firme.


Responsable, seria. Siempre saber que palabra está de más y cual está de menos. Compostura perfecta. Saber estar, saber hablar. Casi elegancia.

Ridícula. Con esa capacidad sorprendente para meter la pata.
Boca grande. Torpeza continúa. Tropezones, caídas. Manos
de trapo.


Activa. Con mil cosas proyectadas. Aficiones de todas clases. Un día pintar. Otro, escribir. Al siguiente, clases de baile. Hacer aeróbic. Salir a andar al monte.

Pereza absoluta. Diez minutos después de sonar el despertador, seguir envuelta en las sábanas. Sábados de apuntes sobre la mesa y tirarse en el sofá. Cualquier actividad es excesiva si supone algo más que cambiar de canal. Tres dibujos a óleo sin acabar. Eludiendo amigos que proponen noches de marcha.


Marchosa sin remedio. Loca por un lugar con amigos y música. No parar de moverse en toda la noche. Pies destrozados, caras desencajadas de las risas. Ignorando el sueño y las punzadas de las piernas.


Loca. Infantil. Corriendo, dando vueltas, riendo. Al lado de cualquier niño, ser más niña aún. Dislocar a todos y acabar
con el corazón a mil. Mareada de tanto saltar, gritar y dar
vueltas.



Soñadora. Con ganas de creerse todo. Creyendo en la magia
(y en las hadas, ;) ). Dejando volar la imaginación hasta límites
insospechados, hasta que "la realista", esa otra pieza del puzzle,
obliga a ser consecuente con la edad. Y entonces se acaba la diversión.


Dulce y tierna. Con esa capacidad para acurrucarse en los brazos de él. Perdiéndose en un beso, en un abrazo. Inventando mil caricias nuevas. Siempre soñando con sus manos y su boca. Con su cuerpo entero. Suspirando enamorada.

Éstas y muchas más soy. Un montón de piezas de puzzle contradictorias. Un puzzle que parece imposible ver completo. ¿Mil caras para una sola moneda? Algo así. Quizás solo una palabra pueda resumirme: Contradicción.


He rescatado también el comentario que le dejé:

29 noviembre, 2007
La Sonrisa dijo...
Me acabas de dejar
alucinada... y es que tu puzzle y el mío tienen las mismas piezas. No sé si se
colocarán igual o no, pero te aseguro que son las mismas.
Leyéndote parecía
que me leía.

¿Y sabes qué es lo malo de tener un puzzle con piezas tan
contradictorias a veces? que la gente no sabe encajarlas en su sitio y,
perdidos, se dan por vencidos ante la incapacidad de contemplar el puzzle entero
ya montado.

Y luego está cuando nosotras mismas ocultamos piezas... o
cuando a veces las perdemos...

Vaya, me ha gustado muchísimo este post.
Algún día te lo pediré prestado... al fin y al cabo también son mis piezas ;)

Besos


Sigo pensando exactamente igual que entonces. Nuestro puzzle es complicado, pero no imposible de montar. Basta con querer hacerlo; todo es voluntad. Pero hay gente que, cuando las cosas no les salen, se dan por vencidos y le dejan el rompecabezas a otro, o simplemente no les va gustando como queda el puzzle y lo dejan a medias. Es normal, les entiendo, porque son puzzles de muchas piezas y muy pequeñas, difíciles de encajar todas. ¿Pero sabes que? Que probablemente sean esos los más bonitos, y una vez terminados te proporcionen una grandísima satisfacción.

Yo no me daré por vencida nunca y no descansaré hasta terminar mi propio puzzle. Tengo toooooooodo el tiempo del mundo, pero sobre todo, ganas.



Yo no busco la pieza que me falta, ni nadie que reconstruya por mi el rompecabezas... yo quiero unas manos que recompongan conmigo mi propio puzzle.

martes, 20 de mayo de 2008

Pies

Respondiendo a uno de los comentarios del post de los pimientos he recordado otra conversación que tuve una vez igual de surrealista o más que la pimientera.

No ambientaré la conversación ni la transcribiré entera, que así tiene más misterio, pero intentaré ser fiel a la realidad, salvo error u omisión, intencionada o no jajajaja.

Aquél día me encontré con uno de los especimenes más raros con los que he tenido el gusto – por qué no – de entablar conversación. Era un tipo de estos que te despiertan la curiosidad enseguida, pero la curiosidad pícara, la de hurgar y hurgar en la mente del tío para ver hasta dónde es capaz de llegar con su rareza.

Antes de que me pase como en otra ocasión que publiqué algo de este estilo y algún anónimo me tildó de mala persona, altiva, irrespetuosa y nosecuantas cosas más que no creo ser, he de decir que jamás mi intención fue reírme de ésta persona, sino intentar comprenderla, dentro del humor eso si. Lo que pasa es que tengo una manera peculiar de contar las cosas o de emplear cierta ironía y sarcasmo en muchas conversaciones, pero siempre de buen rollo y sin ánimo de ofender.

Y dicho esto, al lío:

- Hola.
- Hola.
- Oye, perdona que te entre así, pero... ¿puedo hacerte una pregunta?
- Bueno... pero me reservo el derecho a responder ehhh.
- Vale... es que es una pregunta un poco rara, ¿te importa?
- Bueno, venga, hazla, que ya me pica la curiosidad. ¿Qué quieres preguntarme?
- Pues... ¿tu venderías una foto de tus pies?
- ¿De mis pies? Joder, pues nunca me lo había planteado. No me digas que eres uno de esos fetichistas...
- Pse... me gustan los pies, si. ¿La venderías o no?
- Pero a ver...¿es que la gente va vendiendo por ahí fotos de sus pies?
- Si, te aseguro que si.
- ¿Tu has comprado fotos de pies?
- Si...
- Jajajaj vamos no jodas... ¿Y por cuanto, si se puede saber? Porque lo mismo es buen negocio y ¡yo sin saberlo!
- Hombre, pues depende... ¿tu me venderías una foto de tus pies o no?
- Habría que negociar ehhh, que te aseguro que mis pies no son cualquier cosa jajajaja
- ¿Y eso? Cuenta cuenta... ¿qué tienen de especiales?
- Pues para empezar no son bonitos, eso lo primero, no te voy a engañar. Pero te aseguro que en el reino de los pies los míos estarían cotizados al alza, por poco vistos jajajajaja
- ¿Pero se puede saber qué tienen de especiales o no?
- Pseeeeeeee, no te pongas nervioso, que te lo cuento. Pues a ver, mas que los pies son los dedos de los pies, que los tengo largos, delgados y abiertos o separados... todos los dedos salvo el meñique, que es tímido y se esconde, son más largos que el pulgarzote.
- Mmmmmm.... interesantísimo y sugerente... dedos largos... ¿y ágiles? Dime...
- Oye oyeeeeeeee, a ver si te vas a estar poniendo cachondo eh...
- Je je je... ¿Me vendes la foto o no?
- Jajajjaja ¿pero tu estás tonto? A ver, ¿cuánto me das?
- Pues... cinco euros.
- ¿Pero qué dices? Por cinco euros no te enseño ni el calcetín.
- ¿Diez?
- Nada nada... que además, no te creas que me hace a mi mucha gracia saber que alguien se pajea viendo una foto de mis pies.
- Una pena... deben ser muy especiales.
- Lo son lo son jajajjaa no te quepa duda. Y hablando de dudas... yo tengo una duda existencial ahora mismo. ¿Pero cómo te puede excitar ver unos pies?
- No es solo verlos, sino tocarlos, lamerlos, incluso olerlos.
- Vamos no me jodas... se me acaba de caer la libido al suelo pensando en los pies de mi padre cuando viene de correr.
- Jajajjaja claro mujer... pero unos bonitos pies, limpios, desnudos.... pues tienen mucho morbo.
- Si tu lo dices...
- Oye... y ya que no me vendes la foto... ¿qué te parece quedar algún día?
- Si hombre, ¿para qué? ¿Para que te enseñe los pies? Jajjajaja chato que en directo vale más caro que en foto ehhhh.
- Hombre... pues podemos dar un paseo por el Retiro y después sentarnos en el césped... descalzarnos...
- Lo que yo decía, tu me quieres ver los pies, ¡¡golosón!!
- ... y hacerte caricias en tus pies con los míos...
- ¡¡Ah!! ¿Qué encima pretendes meterme mano? ¿He dicho mano? Perdón, ¡ tu lo que quieres es meterme pie!
- Pues ahora que dices de meter pie... ¿a ti nunca...?
- ¿Nunca qué?
- Que si nunca te han masturbado con el pie...
- ¿Con el pie? ¡¡Qué me estás contando!! ¿Eso se hace?
- Claro... yo he conseguido hacer gritar de placer a más de una sólo usando mis pies...
- ¿No sería que no te habías cortado bien las uñas y gritaban porque les arañabas con las zarpas?
- Jajjajajajaja... no te lo tomes a risa. Si no lo has probado, no sabes lo que es...
- Pues tienes razón, no lo he probado y no se lo que es.
- Bueno... si quieres yo te lo enseño...
- Jajajjaja que va, déjalo si eso.
- Pues tu te lo pierdes, cariño...
- Uy uy, a mi no me llames cariño eh... a ver si has empezado con buen pie y ahora no vas a dar pie con bola!
- Vale vale, no te enfades... qué genio...
- Si si, es que hoy me levanté con pie el izquierdo jajajajaja
- Te estás cachondeando, ¿no?
- Un poquito, de buen rollito eh... no te lo tomes todo al pie de la letra jajajjaja.
- Será guasona... pero al menos sincera.
- Si, eso sí, bastante sincera, aunque no deberías creerme todo a pies juntillas jajajjaaaaaaaaaaaaaaa
- ¡Qué cabrona!
- Un poquito na más. Es que me estás dando pie jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
- Jajajajajjajaaj ... Oye pues me has caído simpática... ¿seguro que no te apetece dar un paseo, otro día?
- Jajajja no, en serio que no. Pero gracias ehhh.
- De nada mujer, pero en serio me gustaría. Una pena... me voy a quedar sin verte los pies esos especiales que dices tener.
- Jajjajajaa no te pierdes nada hombre. Oye, y gracias a ti por aguantarme el cachondeo eh. A tus pies! jajajaja
- Jajajjajaja A sus pies señora. Ha sido todo un placer.
- Venga, que vaya bien y que encuentres muchas dispuestas a venderte la foto de sus pies jajajjajaa
- Jajajjajaja ¡¡gracias!! Suerte a ti también. Ciao.
- Ciao.


Y se quedó sin verme los pies... con un poco de suerte el azar le traerá hasta aquí y podrá verlos gratis jajajajaja

He aquí mis pies.

Pimientos

Ya no sé por qué me sorprendo cuando me pasan estas cosas, si está claro que lo que me pasa a mi no le pasa a nadie. Y ya no me refiero a que hoy, por ejemplo, haya tardado hora y media en hacer el trayecto de casa al trabajo, trayecto en el que esta tarde emplearé solamente quince minutos... eso le puede pasar a cualquiera en un día como hoy, con un par de accidentes en carretera y mucho gilipollas al volante. Me refiero a las cosas como la que me pasó ayer.

Ayer tuve una conversación de lo más surrealista, y a juzgar por el tema entorno al cual giraba, con razón a veces digo que me siento parte de un circo... aunque con mi suerte, si pongo un circo me crecen los enanos.

Transcribo la conversación tan textualmente como mi memoria me permita:

- ¡Hola!
- Hola...
- ¿Qué tal?
- Bien... ¿te conozco?
- No, no... disculpa... Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Si... tu dirás.
- ¿A ti te gustan los pimientos?
- Pues... si, ¿por?
- Entonces, ¿te importa que te haga alguna pregunta más? Es que estoy haciendo una tesis sobre los pimientos.

Alucinaba, lo juro. Me lo tomé totalmente a guasa, está claro, así que entré al trapo, que tenía ganas de echarme unas risas.

- Venga, vale majo, pregunta, pero que sea fácil eh.
- Si si, facilísimo... ¿y a ti que pimiento te gusta más, rojo o verde?
- Hombre, pues depende de la variedad de pimiento, que no sólo los hay rojos o verdes ehhh.
- Anda, ¡no me digas que vas a saber de pimientos!
- Uy si, hice un master del universo en pimientos.
- O sea, que no tienes ni idea.
- A ver majete, los tienes rojos, verdes y amarillos, igualito que las luces del semáforo. Y luego pues depende, tienes pimiento morrón, o italiano que es mas dulce, pimiento choricero, ñoras, que también son pimientos... joder, parezco una verdulera jajajaja



- Jajajjaja si...Joer, pues sí que sabes de pimientos.
- Pimientos de piquillo, los de Gernika, los de Padrón, que unos pican y otros no...
- Vale vale, me queda claro que conoces los pimientos. ¿A que eres de pueblo?
- Como las amapolas chato, pero no conozco los pimientos porque me dedique a sembrarlos ehhh.
- ¿Y a ti cual te gusta más entonces?
- Pues no se, todos, según como estén preparados.
- A ver, ¿en verano cual prefieres?
- Está claro, pimiento morrón rojo asado, en ensalada, con bonito, cebolla, aceite, sal y huevo duro.
- Mmmmm debe estar bueno.
- Si... o si no pimiento italiano, frito, pero frío o del tiempo, y con tortilla de patata y unas lonchas de jamón, en bocadillo.
- Bien bien, tomo nota. ¿Y en invierno?
- Mmmm no se, pues rellenos por ejemplo. Pimientos de piquillo rellenos... están muy buenos rellenos de quesitos, con nata y tomate por encima.
- Vaya, encima cocinillas.
- Claro hombre.
- Oye, una cosa más.
- Dime.
- Y si fueras un pimiento, ¿qué tipo de pimiento serías?
- Jajajjajaja esa pregunta si que es difícil.
- Venga, ¡que seguro que te identificas con uno!
- Pues mira... se me ocurre que yo podría ser un pimiento morrón, si si si. De esos grandes y lustrosos que parecen como de cera.



- ¿Pareces de cera?
- ¡No hombre! Pero no sé, son así carnosos, con la piel tersa y suave, grandes, coloradetes... yo creo que sí, yo podría ser uno de esos. Porque no me veo yo como pimiento italiano eh, ahí estiradilla y arrugada... aunque ahora que lo pienso, en cuanto a sabor puedo ser un pimiento de Padrón... a veces pico, a veces no jajajajaja
- ¡¡Qué salá!! Oye, muchas gracias por tu colaboración, he tomado nota de todo para mi estudio.
- De gracias nada, que son 20 euros.
- ¿Qué?
- jajjajaja es broma.
- Por cierto, ¿tienes nombre? Es para ponerlo en la tesis...
- Si, tengo nombre.
(y se hace un silencio enorme... jajajaja preguntó si tenía nombre, no cuál era)
- Ah... y supongo que también tendrás apellidos, no?
- Si, tengo varios, pero suelo usar dos. Los dos primeros.
- ¡¡Anda!! ¡¡Como yo!! ¡¡Qué casualidad!!
- Ya ves... bueno, ¿alguna pregunta más?
- No, la verdad es que no, me has servido de mucha ayuda de verdad, muchísimas gracias.
- De nada majo. Suerte con los pimientos.
- ¡¡Gracias!!
- Hasta otra.
- Ciao.

domingo, 18 de mayo de 2008

La trapecista

Suspendida en el abismo camina sobre un cable de acero. Serena, dominando los nervios, observando cada cambio en las ráfagas de viento. Los brazos en cruz, manteniendo el equilibrio. Sabe que un paso en falso y no habrá red que la sostenga.El sol se esconde y la oscuridad se cierne sobre ella, pero su mirada sigue al frente, decidida. No le gusta darse por vencida, y tampoco perder.




Los curiosos la observan desde abajo y murmullan entre ellos sobre lo peligroso de la hazaña. Pocos confían en que lo logre y esperan la tragedia tras los golpes del aire que azota cada vez más fuerte. Pero ella sigue en pie. Se tambalea, restablece el equilibrio y sigue caminando. Mirada fija, al frente, nunca abajo, nunca atrás.

Sabe que llegará hasta el final del cable aunque eso no signifique ganar. Pero nadie le enseñó a darse por vencida, y no lo hará.

miércoles, 14 de mayo de 2008

lunes, 12 de mayo de 2008

Inconexiones

In-con-ex-i-on-es

Es lo mejor, aunque duela... pero ¿qué duele más, quedarte o huir?
Huir no es la mejor salida... pero es una puerta al exterior.
Afuera hay aire, y yo me ahogo.
Afuera hace frío, mucho frío... y a mi el calor me nubla la mente.
Y cuando el calor me nubla la mente, me equivoco.
Y cuando me equivoco asumo mis errores y sus consecuencias,
aunque duela, aunque arda, aunque hiele por dentro, siempre por dentro.
Las consecuencias duelen y no sabes si prenderlas fuego o guardarlas en la nevera. Tratas de olvidarlas y cuanto más lo intentas, más recuerdas.
Y recurres al vacío, ese que se queda cuando algo que te llena se acaba.
Te dejas invadir más y más por él... mente en blanco, mirada ausente,
frío, frío, calor, calor... no olvido, adormezco.
Desaparezco, me hago invisible a la vista...
aunque en realidad sigo ahí, detrás de la cortina,
viendo la vida pasar y escaparse,
y estiro la mano para atraparle, y no puedo, no debo.
Y me siento perdida, como un barco a la deriva,
y me dejo llevar por las olas allá donde quieran llevarme.

Me gusta pensar que cuando me recuerdan lo hacen sonriendo.
Me da miedo pensar que sólo recuerden lo malo.
Quiero sonrisas, aunque no pueda verlas ni sentirlas,
aunque tenga que desaparecer para conseguirlas.
Quiero saber que no se me guarda rencor, aunque tampoco se me guarde amor ni cariño.
Quiero dormir tranquila, sin pensar cada noche ni cada mañana si estaré haciendo lo correcto, si no estaré equivocándome de nuevo.

Quisiera ser un autómata, estar programada para actuar sin tener que pensar,
tal vez así nunca erraría, y si algo va mal no sería mi culpa.
Eso tengo, culpa. Culpa de ser como soy y actuar como actúo.
La culpa no me deja dormir... ni vivir.
Vacío vacío vacío... prefiero el vacío a la culpa... pero tengo de los dos.
¡¡Cambio, cambio!! ¡Cambio un puñado de vacío por un abrazo!
Cambio un poco de culpa por un perdón.
Uno sincero, sereno, sin esperar nada más.
En realidad no debiera cambiarlo, porque es mío, y sólo mío.
Asumo mis errores, digo, y sus consecuencias,
así que culpa y vacío son míos, sólo míos.
Ni abrazos ni perdón para mi hoy.

He tallado una marca más en la pared de mi celda,
un día más... un trocito menos...
Debo acostumbrarme a la ausencia de carcelero
y a mirar por mi ventana, a través de los barrotes.
Pero tambien debo tener cuidado...
Porque a veces cuando vea el cielo brillar a través de ellos
soñaré con la libertad, me ilusionaré...
y es tan sólo eso, ilusión.
Y cuando vuelva a mirar veré sólo barrotes,
cuatro paredes formando un metro cuadrado,
suelo mojado, oscuridad y silencio, sobre todo silencio.
Esa es la realidad.

Lo que veo a través de las ventanas son sólo espejismos, y no quiero verlos.
Cierro los ojos, los aprieto fuerte... ¡y sigo viéndolos!
No quiero ver, no, no más... no quiero ver.
Si veo querré gritar y estirar la mano para alcanzarle.
Y no debo... no debo... es lo mejor... mejor así...aunque me equivoque.
Debo convencerme... debo creer en que pasará... todo pasa,
como la calma tras la tempestad, llegará.

In...
Con...
Ex...
I...
On...
Es = SOY. Soy inconexiones. O conexiones. O conexiones inconexas. O inconexión de conexiones. Creo que se me ha pelado el cable y estoy a punto de sufrir un cortocircuito. Escapa mientras puedas, escóndete en tu trinchera y no salgas, por nada del mundo salgas ni te acerques a mi, porque me inmolaré dejando que todo explote bajo mis pies y no quiero salpicarte.

Una carta más.

Anoche no podía dormir. Venías a mi cabeza una y otra vez, golpeando, revolviendo mis recuerdos, rasgándolo todo y trayéndolo de nuevo hacia mi. Así que decidí escribirte esta carta, como tantas otras veces te he escrito. Se que la leerás.

Sabes que no me gusta pensar en lo que me hace daño y por eso ésta manía mía de enterrar lo que duele. Quizá es de cobardes, lo sé, pero no puedo evitarlo. No te pienso mucho, y tal vez me culpes por ello, pero sabes que te quiero, y si no hablo de ti ni contigo es porque me dueles.

Anoche recordé muchas cosas, muchas... hasta las que casi había olvidado. Anoche escuché tu voz, toqué tus manos, me vi en tus ojos... anoche te sentí conmigo. Anoche lloré como una niña echándote de menos... porque de nada me sirve no pensarte si te llevo conmigo, si sé que estás ahí siempre, vigilando mis pasos.

Hay tantas cosas que no te dije... y tantas otras que repetí mil veces. Me hubiera gustado tenerte un ratito más. Y de haber sabido cómo sería el final hubiera cambiado muchas cosas. Pero aun así no me arrepiento de lo vivido contigo, ni si quiera de lo malo, porque todas esas cosas me han ido construyendo y me hacen ser como soy. Me has enseñado mucho, aun sin pretenderlo.

Hoy te echo de menos un poco más... sólo hoy. Pero sabes que no me permito nunca estancarme en la tristeza, y hoy no lo estoy.

Hoy hace un día brillante, radiante, lleno de luz... tu luz, seguro.

Hoy me siento bien y sonrío. Sé que estás ahí, cuidando de mi.

Hoy, un año sin ti.

Hoy, toda una vida contigo.

Te quiero, abuela.

sábado, 10 de mayo de 2008

Desempolvando canciones (II)

Sigo desempolvando canciones, y hoy le toca el turno a tres temas que me llenan de buen rollito y me hacen saltar de la silla y ponerme a bailar. No lo puedo evitar, se me cuelan las notas por los poros de la piel y el cuerpo me pide marcha jajajaja

El motivo de que ande desempolvando canciones es porque soy la encargada ponerle música al próximo viaje... viaje que aún no he comentado aquí y del que ya va siendo hora de hablar, porque por su culpa - bendita culpa - desapareceré del mapa internauta casi casi un mes. Y es que me voy en el mes de junio a Norway, o Noruega, o el camino del norte, como les plazca llamarlo :P a ver si allí encuentro el norte que perdí un día y no se dónde jajajaja.

Mismo modo de viaje que el año pasado: autocaravana. Esta vez vuelo a Frankfurt Hann, recogemos allí la que será nuestra casa-móvil durante tres largas semanas, rumbo a Dinamarca para coger el ferry y desde ahí, a Noruega, a ver fiordos, salmones, trolls y noruegos!

Ya iré contando algún detalle más, y sobre todo a la vuelta colgaré alguna - sólo alguna - de las millones de fotos que pienso hacer.

Ahora al tema: canciones desempolvadas. Hoy tres, de las de buen rollito.

Wenda, de Los Especialistas. Esta no la he desempolvado yo. Me la ha desempolvado una mocosa de cuatro años que se la sabe enterita y me hace bailarla con ella cada vez que viene a casa. Si la escuchas y no te apetece bailar, es que no llevas música en las venas!



Otra, ésta de Shuarma, ex componente del grupo Elefantes. J'habite a l'eden hace que me entren ganas de bailar descalza sobre una alfombra de hierba bajo la lluvia.



Y por últimooooo, todo un clásico de La Unión, pero versión remezclada sacada de su álbum recopilatorio Love Sessions. Ese rollo housero que le dieron me hace recordar una noche, años atrás, en el Pacha de La Pineda ufffff qué tiempos aquellos!!



¡¡A bailar!!

jueves, 8 de mayo de 2008

Desempolvando canciones (I)

Llevo unos días desempolvando canciones que hacía tiempo que no escuchaba y me estoy sorprendiendo –gratamente- con algunos de los temas que había casi olvidado. No me resisto a colgarlas aquí, porque tengo ganas de escucharlas una y otra vez, de cantarlas, de bailarlas, y por supuesto, compartirlas.

Hoy le toca el turno a MClan y una de las mejores canciones que he escuchado en mi vida: Miedo. Porque más de una vez me he sentido exactamente como dice la canción, porque tiene una letra increíble, porque me encanta la voz de Carlos Tarque y su manera de cantar, que además -por qué no decirlo- me pone.








Para empezar
diré que es el final
no es un final feliz
tan sólo es un final
pero parece ser que ya no hay vuelta atrás.
Sólo te di
diamantes de carbón
rompí tu mundo en dos
rompí tu corazón
y ahora tu mundo esta burlándose de mi.
Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.
Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.
Oigo tu voz
siempre antes de dormir
me acuesto junto a ti
y aunque no estás aquí
en esta oscuridad la claridad eres tu.
Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.
Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.
Ya se que es el final
no habrá segunda parte.
Y no se cómo hacer para borrarte.
Para empezar
diré que es el final.
Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar.
Miedo
de quererte sin quererlo
de encontrarte de repente
de no verte nunca más.
Y aquí en el infierno
oigo tu voz.

martes, 6 de mayo de 2008

Un bucle infinito; mil pájaros sin vuelo

Mejor así, mejor así, mejor así, mejor así, mejor así, mejor así, mejor así... bucle infinito; una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... Frases que se repiten hasta la saciedad en la conciencia. Ambas dos, una y otra vez, mejor así.



No busques, no mires, no abras los ojos, no leas,
tapona los oídos del recuerdo, no escuches al silencio.
Ciega, sorda, muda. Quédate así.
Es tu elección, tu lo decidiste.
Cúbrete con tu capa de hielo,
que no se note que ardes por dentro,
que el viento no remueva más tus mares de dudas,
recoge las velas y déjate llevar a la deriva.
Y olvida y olvida y olvida...
y donde dice olvida di adormece.
Y duerme tus sentidos,
deja que sueñen sueños de olvido,
de blancas palomas, de pájaros sin trino.
Que no canten, no vuelen...
Duérmelos, adormécelos todos, uno a uno,
y no los escuches trinar.
Sujétales las alas y que no emprendan el vuelo,
que no lo hagan, que no se acerquen al sol.
Átales las patas con un cordel de seda negra
y prívales de libertad.
Ciérrales la jaula con barrotes de oro,
y no les dejes salir,
por que si emprenden el vuelo de nuevo
tal vez no vuelvan jamás.



Mejor así, mejor así, mejor así... una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... un bucle infinito; mil pájaros sin vuelo.

martes, 29 de abril de 2008

Comptine d'un autre eté (Yann Tiersen)



Dicen que la música amansa a las fieras... este tema de Yann Tiersen forma parte de la BSO de la película Amelie, y tiene el don de serenarme cuando lo escucho... una y otra vez, una y otra vez...

viernes, 25 de abril de 2008

La niña del castillo de arena

A veces nos empeñamos en complicar las cosas más sencillas. A veces, cuando intentamos explicar algo simple divagamos y damos mil vueltas a una idea haciendo que finalmente lo que se entienda sea justo lo contrario de lo que queríamos decir.

A mi me suele pasar… debe ser culpa de esta manía que tengo de expresarme escribiendo, con letras, donde me siento mas cómoda y creo que mejor plasmo lo que pienso. Pero a veces tanta letra y tantas vueltas hacen que la idea o el mensaje se pierdan o se mal interpreten. Es entonces cuando juego a comparar, a buscar metáforas que expliquen lo que quiero decir.

Ven, siéntate a mi lado y ahora pon tu cabeza en mi regazo, deja que te acaricie el pelo mientras te cuento una historia, ¿quieres?



Una vez, en una playa, una niña comenzó a construir un castillo de arena. Se sentó a la orilla del mar y cavó un hoyo poco profundo para hacer el foso… tenía prisa por verlo en pie. Con sus manos fue levantando los muros mientras imaginaba cómo sería la torre de la princesa, lo guapo que sería el príncipe, lo felices que serían viviendo en la corte… soñaba cuentos de hadas con final feliz. Pero de pronto subió la marea y cuando el castillo estaba a medio construir fue arrasado por una ola. El mar lo devoró casi entero… inundó el foso, dañó los cimientos… solamente dejó en pie parte de la torre de la princesa.
Entonces la niña lloró, lloró de pena, de rabia… el mar se había llevado de golpe todo lo que había construido con sus manos, así, sin avisar, injustamente. Se esfumaron con la espuma todos los cuentos que había imaginado. Quedó desolada y sin ganas de volver a construir otro castillo. Si el mar se lo había llevado una vez, ¿por qué no lo iba a hacer dos?, y ella no quería que eso ocurriera.
Pero aquella niña era tenaz, además de observadora, y quiso construir de nuevo el castillo sin temor a que las olas se lo llevaran. Sabía que la mar subía y bajaba con la luna y que si se quedaba tan cerca de la orilla de nuevo el agua lo inundaría todo. Entonces se apartó un poco y empezó a cavar de nuevo en la arena. Esta vez quería hacerlo despacio, sin prisas, cavando bien profundo para sentar buenos cimientos, y aprovechando la arena que sacaba para levantar una muralla alrededor del castillo para que nunca más las olas lo arrasaran. Esta vez lo haría bien, despacio, a conciencia, poniendo mucho cuidado en cada puñado de arena que apretara para levantar las paredes. Trabajaría con ilusión, con empeño, imaginando a cada poquito cómo quedaría su obra final, cuidando cada detalle con mimo. Tardaría más tiempo, si, pero lo lograría y el resultado final sería un castillo realmente maravilloso que todo el mundo admiraría cuando paseara por aquella playa. Bajaría cada día a la orilla para seguir su tarea. Si, era una niña, y a veces se distraería jugando en el agua con los demás niños o tomando el sol, pero nunca dejaría de lado aquel gran castillo que quería construir.

Allí la conocí, en esa playa, una tarde de lluvia en que, preocupada, trataba de proteger el castillo de las inclemencias del tiempo. Me agaché junto a ella, sonriendo, y le acaricié la cara.

- Te estás mojando, bonita, y te vas a enfermar. ¿No prefieres dejar el castillo e irte a jugar a otro lugar, con otros niños?
- No señorita, yo quiero construirlo y hacerlo muy grande, y muy bonito.
- Pero quizá haya tormentas, y el mar suba y lo arrase de nuevo.
- Por eso lo estoy haciendo bien, despacito, con mucho cuidado, apretando bien la arena, levantando una gran muralla alrededor para que ninguna ola lo tape.
- Bien hecho pequeña… así será difícil que lo destruya. ¿Y no prefieres construir otra cosa? Quizá barcos, o sirenas.
- No… yo quiero el castillo, porque es el castillo de mis sueños y voy a construirlo, aunque tarde mucho tiempo, aunque llueva muchos días y tenga que volver a reforzar los cimientos. Es lo que quiero señorita.
- Muy bien pequeña. Conseguirás levantarlo, lo se.

Y me fui sorprendida de la tenacidad de aquella niña, que aun sabiendo que el viento, el mar y la lluvia irían en su contra, se mantenía fiel a sus sueños y a sus propósitos. Estoy segura de que construirá el mejor castillo, un castillo de ensueño.


Jueves noche

Primero que nada explicar que, es la primera vez que lo hago, pero he borrado una entrada en mi blog. Ayer escribí cargada de rabia y cada vez que lo leo me cuesta más creer que esa soy yo. Hablé con mucha rabia, y hay veces que es mejor contar hasta diez antes de hablar. Así que donde dije “digo” digo “Diego” y “chimpún”. Para escribir cosas así, mejor no escribo.


Y ahora vamos al tema: Jueves noche.

Ayer Cristina (Yaves) exponía sus fotos en Madrid, en un local de copas en Tribunal. Hacía siglos que no salía de copas, y menos un jueves... pero ayer lo necesitaba, para desconectar, para no pensar... a pesar de que hoy estoy muerta de sueño, claro.

Cris, desde aquí te felicito. Están genial, aunque yo ya las había visto, pero verlas impresas, allí colgadas, con el local hasta arriba de gente fue fenomenal. Muchas gracias por la invitación ;) Ojalá tengas mucha suerte.

Llegué a Sol, donde me esperaba Ele. Hacía tanto que no la veía que pasé por su lado sin reconocerla... o quizá fue que no la vi porque siempre me pasa lo mismo cuando voy a Sol. Me encanta el devenir de la gente, me pierdo en sus andares por la ciudad. Y eso que siempre digo que no me gusta Madrid, que no soy urbanita... pero Sol es uno de los lugares con ese encanto especial que me engancha.

Nos pusimos al día rápido mientras caminábamos hacia Tribunal. Al llegar al garito empecé a salirme de mi. Estuve allí si, pero no era yo. Madrid a veces me hace sentir una extraña, incluso conmigo misma. Empezó a llegar gente... una cerveza, otra... Me presentaron a más de 30 personas... no recuerdo ningún nombre, pero sí las caras. Me concentré en las caras para no pensar en nada más: caras, fotos y cerveza... vaya plan. Pero de pronto sonó. No sé por qué me sorprendió, cuando sé más que de sobra que siempre me pasan este tipo de cosas, esas especie de “señales” que me dicen algo que no se interpretar en su momento. Sonó The Cure, otra vez, A forest. Es raro, pero nunca la había escuchado en una noche “de marcha” en ningún local. En cambio ayer la pusieron. Justo ayer que empecé la mañana con esa canción y lo que significaba para mi.

Y empecé a sentir ganas de irme, de escapar, de salir a pasear por la ciudad. Pero no quería ir sola, esta vez no. Cogí mi bolso, mi chaqueta, me despedí y me marché. Hacía calor, o tal vez era yo. Quería pasear, no sola, pero pasear, ir hacia el coche caminando... pero sola no. No era miedo, jamás me ha dado miedo caminar sola por la calle, ni si quiera de madrugada. Era necesidad de oír unos pasos a mi lado, de sentirlos.

Cogí un taxi pensando que así evitaría pensar en esos pasos acompañándome... Me sumergí en el asiento trasero de aquél extraño con el que crucé las palabras justas, y abrí la ventanilla. Bajamos Gran Vía, y me sentí más extraña aún... estuve tentada de pedirle al taxista que siguiera, sin rumbo, recorriendo la ciudad de noche mientras yo miraba por la ventanilla. Pero no lo hice.

Ya en mi coche me entró prisa por llegar a casa, por meterme en la cama y dormir un día más. Dormir, no soñar. Me desvestí, me lavé la cara limpiando así los restos de mi disfraz de extraña, y me deslicé bajo las sábanas. Diez minutos después, justo cuando ya dormía, otra señal, más inesperada todavía. Pensé que aun estaba durmiendo, pero no. La señal se repitió varias veces, era real. Tan real como las palabras que formaban mis respuestas, medio dormida.
Una de mis frases se quedó zumbando en mi cabeza... una vez... otra... como un eco. Y me dormí... y soñé con unas manos... unas manos que olían a hierba buena.

jueves, 24 de abril de 2008

Esta mañana...

- ...
- Deja de pensar...
- ¿Qué?... pensé que estabas dormida.
- No, yo nunca duermo cuando lo haces tu. Alguien debe velar tus sueños.
- Ya...
- Deja de darle vueltas y descansa. No te tortures.
- Lo se... pero no puedo evitarlo, a ratos...
- Cuéntame anda, ¿qué piensas?
- Pues que no se por qué...
- Nada pasa porque sí, sabes que todo lo que sucede ocurre por algo.
- Lo sé lo sé... de todo aprendo y me quedo siempre con lo bueno.
- Eso es.
- Pero y si...?
- Ni pero ni nada. Sabes que lo que tiene que pasar, pasa. Y lo que no, pues no pasa.
- Ya...
- Además, sabes que cuando una puerta se cierra tu abres ventanas. Sabes que después siempre viene algo mejor.
- ¿Mejor?... ufff, no se.
- Si, mejor. ¿Acaso no siempre has ido a mejor?
- Si... bueno... tienes razón.
- Como siempre.
- No te pases...
- ¿es mentira? Siempre acabas dándome la razón.
- Pues si, tienes razón.
- ¿Lo ves?
- No me saques la lengua, que no estoy de humor.
- Te saco la lengua y te desarropo si me da la gana. Vamos, levanta, perezosa, y deja de mirar atrás, y mira adelante.
- Un ratito más... porfa...
- He dicho que no. Ahora mismo te levantas, te duchas, te disfrazas y te vas a trabajar.

Y se levantó, dejando un lío de sábanas arrugadas a su espalda. Y no escuchó a su almohada suspirar preocupada. Se quitó el pijama despacio, dejándolo caer al suelo junto con cada pensamiento de aquella noche. Y se duchó, con agua tibia, cerrando los ojos al sentir como se depuraban sus tristezas. Secó cada gota que resbalaba por su cuerpo, y su cara... y entonces se disfrazó. Se vistió de otra piel, otra más fría, menos transparente, más dura. Perfiló la sonrisa de sus labios con un lápiz permanente para que no se borrara durante el día. Se calzó... esta vez zapato plano, paso silencioso, contacto con el suelo. Guardó las alas en una cajita bajo la cama, entre algodones... “sólo por unos días”, se dijo.

Mientras calentaba un vaso de leche miró hacia arriba, al tragaluz, y vio cómo el cielo empezaba a clarear.

- Todos los días sale el sol, que no se te olvide.
- ¡¡Quieres dejar de leerme la mente todo el tiempo!! Pareces la voz de mi conciencia...
- Chata, soy tu Pepito Grillo y no te vas a librar de mi.
- Grrrrrrrrr. Si no fuera porque tienes razón y porque sin ti no puedo dormir, me desharía de ti. ¡¡Y no pongas esa cara de lista!!
- Prrrrrrrrrrr. ¡¡Ah!! Y no pienses eso... tu siempre lo has hecho, siempre. Sigue haciéndolo. Escribe, sácalo... recuerda que siempre dijiste que el hecho de que lo leyeran no te importaba, que la finalidad no era esa.
- Lo se, esto es para mi, no para nadie... pero...
- Nada, tu hazlo.
- Ok, ok... no te pongas así.
- Así me gusta, que me hagas caso.
- ¡¡Qué remedio!!

Y se marcha de casa, y cierra la puerta. Y al ponerse al volante una canción viene a su mente. Retumba, retumba... busca entre sus cd’s y aparece. Ahí está... pista 13. Y suena... sube el volumen... más, lo sube más. Y abre la ventanilla, que entre el aire fresco y la despeine. Y canta... canta... y se repite la última estrofa... “Suddenly I stop but I know it's too late. I'm lost in a forest, all alone. The girl was never there. It's always the same. I'm running towards nothing again and again and again and again…”
[A forest, The Cure]

miércoles, 23 de abril de 2008

Regreso a la realidad

Después de un tiempo de ausencia verbal en mi blog, vuelvo.

He estado un tiempo un tanto ausente. No voy a explicar el por qué, porque quienes deben saberlo, lo saben. Y hay cosas que es mejor dejar en el aire y no dar detalles... no se si por respeto hacia otras personas, si por prudencia, o por qué, pero así lo siento. Hay cosas que son para uno mismo, y no voy a hablar del tema. Pero si voy a hablar de lo que he aprendido y de lo que siento en este instante, porque eso es mío, y sólo mío.

He aprendido que uno de los mejores consejos que me han dado en mi jodida vida me lo dio una amiga, Lidia, hace ya mucho tiempo. Me prometí hacerle caso, pero siempre se me olvida... y ella siempre me lo echa en cara, con razón.

“Cuando pruebes la profundidad del charco, hazlo sólo con un pie”


Y yo, que soy muy confiada, siempre la pruebo a dos pies, y me doy cuenta del error cuando tengo el agua al cuello. Será porque siempre confío en que habrá alguien fuera que me libre de morir ahogada, aunque tenga que sacarme de los pelos.

Y después de esto, como siempre que me caigo, no me voy a dar tregua. Ni llorar, ni estar triste, ni pensar en lo que pudo ser y no fue, ni darle vueltas una vez y otra vez a lo mismo. No me lo permito. Me calzaré las botas de tacón y sonarán, fuerte, sonará cada paso, porque ésta soy yo, y aquí estoy. Me soltaré la melena... ¡¡y que se joda el viento!!

Ésta es mi manera de superar las cosas, desde luego no dejando que el agua me cubra del todo. Me gusta hacerme la muerta en el mar, si, cubierta casi totalmente por las olas... pero siempre la boca y la nariz fuera, para respirar. Eso hago, respirar. Voy a respirar, a llenar los pulmones de aire y a volver a poner rock&roll en el coche a todo volumen, como esta mañana... debí intuir que algo pasaría, porque nada mas ponerme al volante puse un cd que hacía casi un mes que no escuchaba, desde que todo esto empezó, y lo he puesto a todo volumen, como para no pensar, con la ventanilla bajada dejando entrar el aire fresco, dejando invadir mi cuerpo por el sonido de esa guitarra eléctrica que me carga de energía y que desgarra el alba, y el alma. Dentro de mi creo que lo sabía, creo que intuía que iba a pasar esto justo hoy y por eso no estoy sorprendida.

Que suene Rosendo, que suenen los Suaves, que suene Marea, que suene Platero, que suenen Despistaos, que suene Extremo, que suene Loquillo y también Barón Rojo, que suenen Reincidentes, Los Porretas, y Siniestro... que suenen fuerte, muy fuerte. Que chirríen en mis oídos sus guitarras... sólo así podré dejar de oír su voz.

Sueños son.

Si ya lo dijo Calderón
................
que los sueños, sueños son

martes, 22 de abril de 2008

Conclusiones de genio (by 24)

Hoy necesitaba echarme unas risas, desconectar de todo un poco y tomar aire, respirar. Y como siempre, quien menos te lo esperas, te tiende una mano y una sonrisa, y encima va y te presta dos conclusiones propias de un genio.

24, eres un genio coleguita, te debo una ;) así que este post en tu honor.

Dice mi amigo el 24 que el otro día una luz divina le iluminó y llegó a dos conclusiones:

1) Si Robocop se comiera a Lassie... sería una máquina "tragaperras".
2) Dos tíos de Zaragoza en un ring de boxeo serían... un combate "amañao".

Me parto contigo! Te has ganado otro helado de chocolate belga! :P

jueves, 17 de abril de 2008

Parte meteorológico

Hoy llueve a cántaros. Las gotas son finas y frías, muy frías. De esas que te calan hasta los huesos.
Vaya, y yo sin chaqueta y en manoletinas... me voy a mojar los pies.
No tengo paraguas...
Estoy empapada... calada hasta los huesos, a pesar de que en realidad, veo llover tras el cristal.Confío en que escampe... confío.

lunes, 14 de abril de 2008

Máquina del tiempo

A veces pienso que me gustaría tener una máquina del tiempo, meterme en ella y mirar por un agujerito lo que me deparará el mañana. Así podría dejar de ponerme nerviosa con algunas cosas, o de darle vueltas innecesarias a la cabeza, o tomar siempre las decisiones correctas. Sí, parece buena idea, poder ver el futuro y tenerlo todo bajo control.

¿Y para qué? ¿Dónde quedaría entonces lo divertido de la vida, lo bonito? Si todo está calculado no hay sorpresas, lo esperas todo, es como ver la misma película una y otra vez. Te la acabas aprendiendo y pierde la esencia. Conoces la trama de memoria, te sabes el fina, ya nada te sorprende. Y puede gustarte mucho, si… pero nunca te sentirás como cuando la viste por primera vez.

No quiero ver el mañana. Quiero ver siempre el hoy. Porque mañana será hoy… y poco a poco todos los días serán hoy. Quiero dibujar cada hoy con un pincel nuevo que estrene cada mañana. Quiero elegir cada día un color con el que pintar mi hoy. Quiero sorprenderme cada día, ilusionarme, vivir. Y mañana, si me toca llorar, me secaré las lágrimas y seguiré caminando. Pero quiero vivir hoy. Me da igual mañana, me da igual ayerquiero hoy, muchos hoy… y sonreir.

domingo, 13 de abril de 2008

Mi ventana

Horas… horas dando vueltas en la cama, horas del sofá a la ventana, de la ventana al sofá, horas de no hacer nada, horas de cambiar de canal, horas de no ver nada, horas de pensar y pensar.

Odio las tardes de domingo.

Y me siento delante de la pantalla, y tecleo dos palabras que me llevan a cientos de páginas… y he encontrado una imagen que hace ya mucho tiempo que vi en una de esas películas que siempre me hacen soñar.




Los amantes del Círculo Polar... Ana y Otto.

Recordé la película... y él saltó por su ventana... valiente.


¿Saltarás tu por la mía?

;)

miércoles, 9 de abril de 2008

La leche ¡¡qué día!!

6.15 a.m. Suena la charanga. Wake up!! Al bajar de la cama no encuentro mis zapatillas ¡¡joder qué frío está el suelo!! Vuelo hacia la ducha... ¡¡fríaaaaa, está fría!! Grrrrrrrr siempre me tiene que tocar a mi. Rápido, a desayunar... ¡¡no hay leche!! Grrrrrrrr ya desayunaré en el curro. Me visto, me seco el pelo y arreo escaleras abajo a coger el coche. ¿Las llaves? En mi cuarto. Vuelvo corriendo como alma que lleva al diablo, las cojo y de vuelta al coche. Sólo voy 5 minutos más tarde de lo habitual... no problem.

7.45 a.m. El atasco es monumental. Estoy a menos de 1km de mi trabajo pero parada. Un trailer lleno de cajas de leche – y no mala, como la que se me está poniendo a mi – ha volcado justo en la última rotonda antes de llegar a mi curro. ¡Ya podía haber volcado en mi casa, que estamos sin leche! Finalmente llego a tiempo, no así el resto de mis compañeros de oficinas.

8.00 a.m. Atravieso fábrica para fichar y me parece tener una visión. Una de mis cajas está impresa en Negro42... ¡¡y debería ir en Azul39!! Ficho, vuelvo a mi sitio y enciendo el PC dispuesta a buscar la ficha de impresión de esa referencia y darle al encargado de fábrica con ella en las narices, a ver si aprende – él y el maquinista de turno - a distinguir que Negro42 ¡¡es negro!! y Azul39 ¡¡es azul!!. Peeeeeeeero no me da tiempo, porque se abre la puerta tras de mí y aparece el transportista estrella, alias Pancho Villa y el jefe de almacén. La administrativa de almacén no ha llegado y necesitan urgentísimo dos albaranes ¿y a quien le toca? A la menda lerenda. Pero eso no es todo, porque se vuelve a abrir la puerta. El encargado de fábrica reclamándome nosequé plano de nosecual caja... ¡¡ me tienen ya hasta el higo y acabamos de empezar!!

08.15 a.m. Pancho Villa y jefe almacén se van echando leches con los albaranes hechos. Y ahora viene lo bueno... me encaro con el encargado de fábrica. Por partes chato: el plano que me pides está donde debe estar. Si, como siempre, no sabes ni donde tienes la mano derecha, no es mi problema. Y ahora mira conmigo esta caja... ¿de qué color son las letras? Negras. ¿Y qué color dice en la orden de trabajo que deben ser? ¡¡AZUL 39!! ¿Cuántas planchas habéis impreso? 5000, o sea, todas. ¿Y ahora qué? Esta caja tenía que haberla servido ¡¡ayer!! Y me la imprimes ayer tarde y mal. Informe de No Conformidad. Despachado, que hoy estoy justiciera.

8.30 a.m. Llamo al cliente de la caja Azul39 (ahora Negra42). Me dan ganas de decirle que al encargado de fábrica de este turno le sacamos del zoológico y no sabe leer, pero le tengo que hacer la “mamadita de turno” y contarle una milonga fantástica sobre proveedores de tintas y diferencias entre pantoneras para justificarle el cambio de color en sus letras. Que no se volverá a repetir, que estoy muy arrepentida y me daré 5000 latigazos, uno por caja, y si hace falta haré el Camino de Santiago de rodillas. Se apiada de mi y me dice que no hay problema, pero que Santo Tomás, una y no más.

8.45 a.m. El cliente porculero empieza con su tarea favorita: dar por culo. Pedido urgente de 1.500 formatos para dentro de una hora. Lo lleva claro, porque para ello tengo que volver a pegarme con el de fábrica y con el de almacén, con los dos. Y el de fábrica, vale, pero el de almacén mide 1.90, 4x4, y es lo más parecido al enano gruñón de Blancanieves. Pero como hoy estoy guerrera – no sé si ha sido por la ducha fría o por la falta de leche de la buena... – me pongo a ello y les lío para que me lo tengan a tiempo.

9.00 a.m. Como llevo sólo una hora aquí y ya me han saturado, voy a ver si me tomo un cafelito... Hoy es mi día: cafetera vacía y encima sucia. Me toca fregarla y poner el café. La gente no entiende que a quien se le acaba le toca fregarla y ponerla. Mientras se hace, bajo a fumarme un cigarro... se me ha quedado el mechero sin gas ¡¡y no hay nadie más fumando!! Increíble pero cierto. Así que paso a fábrica y ¿a quién me encuentro? Al del zoo. Le pido fuego y me mira con cara de perro. Guau. Me fumo mi pitillo y vuelvo a por mi cafelito recién hecho... ¿y qué me encuentro? Los posos. Los cabrooooones de mis compañeros – no tienen otro nombre hoy – han llegado al comedor mientras yo fumaba y se han puesto sus cafelitos, y me han dejado un culín. Mecawenlaostiaputayenlasotadebastos!!!! Me lo tomo con leche – de la mala y de la buena – y vuelvo a mi sitio... un poco más relajada, eso si, pero no sé por qué.

Son las 11.30 justo ahora que termino de escribir esto. No sé cuántos marrones y jodiendas más me deparará el día.
En días como hoy, me acuerdo de Mariano, que siempre decía:
“Hoy puede ser un gran día, hasta que venga alguien y te lo joda”Menos mal que a mi no me da la gana hoy de dejarme joder (el día). ¡¡Y estoy de muy buen humor!!

:P

martes, 8 de abril de 2008

Juguete roto

Se rompieron las piezas y ahora estás de rodillas y con las manos en la cabeza, como un niño, lamentándote por tu mala suerte. No fue culpa tuya, a veces pasa. Hay juguetes tan delicados que siempre corren riesgo de romperse. Pero no te preocupes, que yo recogeré los pedazos con cuidado de no quebrarlos más. Les limpiaré el polvo soplándolos uno a uno delicadamente, y los guardaré en una cajita. Después, poco a poco, iré uniéndolos con un hilo mágico, pero muy poco a poco... tardaré días, semanas, meses, quizá incluso años. Pero prometo que al final quedará como nuevo, incluso mucho más bonito que antes de haberse roto. No hagas nada, tu sólo confía en mi.

lunes, 7 de abril de 2008

Julian, el pastor.

El domingo fui con mi familia al pueblo de mis tíos. Se trata de un pueblecito pequeño perdido en mitad de la Alcarria, digamos que entre Imon, Jadraque y Sigüenza. Uno de esos lugares en los que los vecinos que viven allí durante la mayor parte del año no suman el medio centenar. Cinco o seis calles mal asfaltadas, casas viejas, puertas abiertas y un solo bar que sólo abre los fines de semana y en verano. Un lugar donde hace un par de domingos se celebró la primera boda religiosa desde hacía más de veinte años y por eso fue todo un acontecimiento. Un lugar donde los pocos niños que hay aún juegan en la calle durante todo el día sin preocupaciones, como lo hacía yo hace ya dos décadas y como ya no se ve en ningún sitio. Un lugar donde todos se conocen. Un lugar en donde puedes andar por mitad de la carretera durante kilómetros sin ver pasar un solo coche. Un lugar en el que, si cierras los ojos e ignoras los tractores y las mulillas mecánicas, puedes sentirte como transportado en el tiempo cuarenta años atrás.
Siempre me gustó ese pueblo y sus moreras. Siempre me gustó su silencio y lo acogedor de su gente. Recuerdo haber pasado allí un par de semanas cuando era pequeña, con mis primos. Ya entonces me llamó la atención aquél hombre al que sólo veía alguna noche de tarde en tarde. He vuelto al pueblo muchas veces, a pasar el día con la familia, y alguna vez he vuelto a verle, pero muy pocas veces.
Julián es pastor. Tendrá unos cincuenta años pero parece que tuviera diez más. De hecho yo siempre le recuerdo viejo, siempre tan curtido por el sol. Heredó el oficio de su padre y es lo único que ha hecho toda su vida, cuidar de sus ovejas. Salía de casa de buena mañana y regresaba de noche. Pasaba el día en el campo con el ganado, arreglando las naves donde guardaba sus ovejas... siempre trabajando de sol a sol. Un trabajo duro si, pero estaba siempre feliz. En casa esperándole su mujer y sus hijos, cuando volvía siempre era fiesta.
Hace unos años a la gente aún le parecía raro que conservara un trabajo así. Todo el mundo trabaja en fábricas, oficinas, etc... pero el ser pastor lo veían como algo del pasado. El no. ¿Para qué cambiar de oficio si así era feliz? No tenía un jefe que le exigiera, sus obligaciones se las imponía él y sus ovejas, no tenía un horario al que someterse, y disponía de mucho tiempo para hacer cosas que le gustaban, como leer durante horas en mitad de un llano, tumbado bajo la sombra de las moreras. Y además, económicamente no le iba mal. Los meses fuertes cubrían los flojos, pero balance siempre positivo, muy positivo.
Ayer le vi a medio día, en el único bar del pueblo, tomándose un vermouth rojo con mi tío. Cuando nos vio llegar nos reconoció, a pesar de habernos visto contadas veces. Julián siempre tan cercano, como si te conociera de toda la vida. Nos extrañó verle allí a esas horas, porque normalmente los domingos aprovechaba que tenía por allí a sus hijos mayores echándole una mano con el ganado. Pero allí estaba, en el bar, tranquilamente.

- ¡¡Hombre Julián!! Qué raro tu por aquí...¿hoy te han dado el día libre las ovejas?
- Uy... pero si ya no las tengo – lo dijo cargado de tristeza.
- ¡¡No me digas!! ¿Qué ha pasado?
- Las he vendido todas.

Casi se le saltaban las lágrimas. Nos contó que las había vendido hacía unos meses. Le pregunté si es que el negocio iba mal, pero negó con la cabeza.

- O las vendía, o la mujer se separaba – dijo medio en serio, medio en guasa.

Mari estaba cansada de sus ausencias y le había pedido mil veces que dejara el campo y las ovejas, pero él siempre se negaba y alegaba que eran su vida, que era lo único que había hecho desde niño y que así era feliz, le gustaba su forma de vida. Pero reconoció que en los últimos tiempos el trabajo se había multiplicado. Los chicos habían acabado sus estudios y se habían marchado a vivir fuera y ahora no tenía su ayuda. Se había juntado con casi dos mil cabezas de ganado y él solo no podía si no era echando muchas, muchas horas.

- Yo no quería, pero Mari insistía... y una mañana llegó un tío con un todo terreno y se paró a hablar conmigo en mitad del campo. Me dijo que compraba ovejas, que si le vendía alguna y a qué precio. Y bromeando le dije que todas y le dije un precio que en realidad era el doble de lo que valían. Las echó un vistazo y se sacó un fajo de billetes del bolsillo y me lo dio como señal. ¡¡Me cago en la ostia, qué cabreo me pillé!! No conté ni el dinero. Lo eché en la mochila y me fui a casa deseando no haberle dicho que vendía todas. Cuando llegué la Mari me preguntó cómo había ido el día, como siempre... y le dije que había vendido las ovejas. No me creyó, así que le dije que mirara en mi mochila. Debía haber mas de nueve mil euros sólo de señal. Entonces me creyó. Se las vendí todas, hice muy buena venta la verdad. Y ahora pues estoy trabajando en una empresa... pero no es lo mismo, a mi no me gusta. Cualquier día compro ovejas...
Le miraba a los ojos mientras nos lo contaba y eran todo tristeza. Todos le decían que ahora estaba mucho mejor, que trabajaba 8 horas y a casa, que libraba sábados y domingos, que tenía un sueldo fijo... todo ventajas. Pero él seguía echando de menos su trabajo, ser pastor. Le entendí. Ahora le absorberá la rutina, el estrés, la vida moderna... con lo a gusto que estaba él con sus ovejas, en aquél pueblo perdido en la Alcarria, viviendo en paz.

domingo, 6 de abril de 2008

Sigo viva

A veces siento miedo. Miedo de convertirme en un témpano de hielo, en una roca de granito, en una estatua de sal. Miedo de convertirme en aquello que tantas veces deseo ser para evitarme los pesares.
A veces me abandono al deseo de otros. Juego a no ser yo, a transformarme en mujer fría que sólo busca el placer físico. Y me complace ese disfrute, no lo niego. Pero después la transformación se deshace y vuelvo a ser yo, y entonces ya no hay goce, sino culpa, y ese vacío que tantas veces me persigue y del que sigo huyendo siempre.
El vacío me da miedo, tanto como la frialdad continua. Temo que la nada se apodere de mí y me deje carente de sentimiento. Y me aterra no sentir, porque no sentir es morir.


En la oscuridad de la noche, mirar la luna tras la ventana, gotas de lluvia rodando por el cristal. Música en mis oídos y en mi olfato aroma a cera caliente de unas velas encendidas para alumbrar al silencio. Mecerme con los acordes que toca un aliento acercándose a mí, paso a paso, despacio, acariciando con la mirada lo que después cobijarán sus brazos. Y un abrazo, por la espalda… y el vaivén de sus pasos y los míos. Su nariz en mi cuello, el roce de mi pelo en su cara, sentirme protegida… y el abrazo se estrecha. Y soñar


Pues no… no debo estar muerta aún.

martes, 1 de abril de 2008

¿Sueño? o...

Crucé aquél muro de adobe escarbando la tierra. Era tan alto que no era capaz de saltarlo, así que ahondé en el suelo usando mis manos y todo lo que encontré que pudiera servirme para cavar un hoyo lo suficientemente grande como para atravesarlo.

Estuve a punto de rendirme. Mis fuerzas flaquearon cuando me vi empapada en sudor y muerta de frío. Pero una voz interior no dejó que me diera por vencida. Fue él, estoy segura... y tal vez mi yo del otro lado, deseando mostrarme mi pasado... y mi futuro.

Cavé y cavé, y no me rendí. La tierra cedía ante la insistencia de mis manos, abriéndo el paso para mostrarme el camino. Cuando el hoyo fue lo suficientemente grande gateé por él hasta cruzar al otro lado del muro. No sabía qué era lo que iba a encontrar, pero no tuve miedo. Reconocí ese lugar como mío, a pesar de no haber estado allí nunca. Un llano se abrió ante mí, verde, limpio, rodeado de bosque. Al fondo unas viejas casas y cerca de ellas, algunas personas mirándome de forma tranquila, sin extrañeza.

Me levanté del suelo y sacudí mis ropas. Ya no eran las mismas. Una vieja falda de tela oscura y una blusa de lino gastada por el tiempo era todo lo que vestía; iba descalza. Llevaba el pelo suelto, ondulado y largo, de un rubio un tanto rojizo. Reconocí mis ojos y mi piel, siempre tan blanca. Era distinta, pero era yo.

Caminé hacia las casas, decidida, como si conociera el camino. La gente me saludaba al pasar por su lado, incluso me sonreían cariñosamente... me conocían y yo, extrañamente, sentía que también les conocía a ellos.

No sabía hacia dónde iba, pero seguí a mis pies y a mi corazón, que sí debían conocer el camino. Llegué a la puerta de una casa. Era una puerta pequeña, de una hoja, curvada en la parte superior, formando un arco. No llamé, sino que entré con toda naturalidad, como si fuera mi casa...

Nada más cruzar el umbral un niño pequeño, de unos cinco años, corrió hacia mí. Era rubio y pecoso... me recordó a alguien, me resultó familiar. El niño llegó hasta la puerta y me abrazó por la cintura, y yo... yo sonreí y le acaricié el pelo. Era mi hijo... Entonces fui consciente de dónde estaba... Recorrí con la vista el lugar donde me encontraba. Las paredes eran blancas, encaladas, un tanto sucias por el humo del hogar que ardía en un rincón. Sobre el fuego un caldero humeando... olía bien, muy bien. Cerca de allí había una basta mesa de madera y cuatro sillas, y detrás una cuna... Desde donde estaba no podía ver si dentro había un bebe, pero lo supe. Era una niña. El niño me soltó y corrió a jugar a algún rincón... creo recordar que allí, con él, jugaba otro pequeño.

Entonces me giré hacia la izquierda, y allí estaba él. Me observaba serio desde un rincón. Había dejado de hacer algo y me miraba. Sus ojos eran oscuros y profundos, tan aparentemente serios que a penas dejaban ver la sonrisa que brotaba de ellos. Sólo otra mirada llena de complicidad sería capaz de leerlos y saber que además de sonrisas, aquellos ojos emanaban amor. Y esa otra mirada era la mía. Sentí cómo mi cuerpo se veía atraído hacia el suyo... mi corazón tiraba de mí. Me acerqué, muy despacio, observando cada rasgo... su pelo ensortijado, su tez morena, lo anguloso de su cara, sus fuertes brazos, su pecho... No dejó de mirarme a los ojos un solo instante. Su respiración se agitó suavemente cuando estábamos más próximos y al llegar a él se incorporó un poco más. Nos mirábamos, reconociéndonos, sin hablar.

De nuevo oí aquella voz interior: “estás aquí”. Era su voz, que se mezcló con la mía en mi cabeza. Estaba allí. Llevó su mano a mi cara y la acarició, rozó mis labios con la yema de sus dedos... temblé. Y entonces me besó, tan suave y delicadamente que aquel beso me pareció una caricia al corazón. En ese instante lo entendí todo, y mis ojos se llenaron de lágrimas. “No llores... te esperaré”. Cerré los ojos y respiré profundamente, tan cerca de él que absorbí su olor. “Tienes que irte...”. No podía moverme pero sabía que aquél ya no era mi lugar y tampoco mi tiempo... tenía que volver. Clavé mis ojos en los suyos por última vez y sé que, aun sin pronunciar palabras, me escuchó...”te buscaré...te encontraré... te esperaré... no me olvides”. Sonrió, volvió a besarme y me giré hacia la puerta. Oí un pequeño llanto que venía de la cuna y vi a los dos niños mirarme y sonreír. Les devolví la sonrisa mientras en mi mente resonaban palabras...”volveré... volveremos a estar juntos...lo se”.

Crucé la puerta y la cerré tras de mí. Al principio sentí vacío. Lloré. Lloré primero amargamente. Era injusto haberlos sentido para luego tener que dejarlos allí. Pero después lloré de alegría... eran mi vida, mi pasado, mi futuro. Salí de allí segura de que algún día, en algún tiempo, volveríamos a encontrarnos.

Cuando regresé, un pensamiento quedó fijo en mi cabeza. Cogí mi cuaderno y le escribí: "Viajé en el tiempo, buscándote, buscándome, buscando mi lugar… Espérame, porque te seguiré buscando allá donde estés.”

Un ratito más

Enredada en el calor de las sábanas, envuelta en oscuridad... Cada mañana el despertador me saca de mi letargo... un ratito más. Y me doy media vuelta y me acurruco, intento alargar el momento... sólo un ratito más, por favor. Y el despertador vuelve a sonar y yo... un ratito más.

No es pereza, es sólo que necesito alargar los momentos agradables, como cada despertar del día nuevo. Me paso la vida pidiendo un ratito más.

Un ratito más en la ducha, un ratito más paseando al sol, un ratito más para correr bajo la lluvia, un ratito más en aquella cama, un ratito más de aquél concierto, un ratito más de mil risas, un ratito más para charlar, un ratito más de ese abrazo, un ratito más de silencio, un ratito más en la playa, un ratito más en el mar, un ratito más de su vida, un ratito más de una mano en la mía, un ratito más de tus letras, un ratito más de cada persona, un ratito más de mi misma...

Dame un ratito más, por favor.

lunes, 31 de marzo de 2008

No entiendo

Hay cosas que NO entenderé en la vida... algunas porque soy una cazurra cabezota... otras porque sencillamente no tienen explicación coherente.

- No entiendo el por qué del cambio de hora.
- No entiendo por qué vuelan los aviones.
- No entiendo por qué no hago caso a mis sueños e intuiciones, cuando sé más que de sobra que siempre tienen razón.
- No entiendo por qué me empeño en pensar que todo el mundo es bueno hasta que se demuestra lo contrario.
- No entiendo por qué no puedo llorar.
- No entiendo por qué siempre la culpa es mía.
- No entiendo por qué he de callarme.
- No entiendo por qué a veces me falta el aire y quiero gritar.
- No entiendo por qué a veces alguien me tiene envidia.
- No entiendo muchas cosas más, y punto.

Lista ampliable.

martes, 25 de marzo de 2008

Mentira

¿Y qué si ahora quiero una mentira?

Hay mentiras y mentiras, aunque a mi jamás me gustaron ninguna de ellas. En cambio ahora quiero una mentira. ¿Pero a caso es un engaño la mentira que todos saben que lo es? No, no lo es. Si yo sé que es mentira y tú sabes que es mentira, entonces no nos engañamos. Tampoco quiere decir que conozcamos la verdad, pero sí conocemos la mentira, por tanto no hay engaño.

Quiero una mentira a sabiendas de que lo es. Aunque no me gusten, aunque odie mentir. Pero no mentiré, porque diré que es mentira y tu lo sabrás... no te engañaré. Tu sabes que es mentira, yo se que es mentira.

Quiero la mentira de tus brazos, la de tus ojos y también la de tus labios. Quiero la mentira de tu lengua en mi ombligo, la de tus dedos en mi piel, la de tu aliento en mi nuca. Quiero la mentira de tu boca cuando susurres que me echaste de menos, cuando digas que necesitas verme, cuando me pidas un beso más. Quiero todas esas mentiras y yo te daré las mías. Te mentiré con la mirada, te mentiré con cada beso, te mentiré mientras hacemos el amor. Y será todo mentira, y lo sabremos. Sabes que no es verdad, pero lo quieres, y yo lo quiero.

Qué triste es. Anhelamos hacer de mentiras, verdades. Y mientras tanto nos conformamos con pura falsedad. Y aun sabiendo que mentimos, lo hacemos. Porque a veces una mentira reconforta al corazón, porque a veces la mentira es sincera. Sincera como decir que lo necesitamos aunque sea falso.

Quizá sea conveniencia, ¿y qué?. Quizá un acuerdo entre los dos, ¿y a quién le importa sino a nosotros mismos? Quizá sólo busco justificarme o explicarme a mi misma el por qué de mis actos, el por qué de toda esta mentira aceptada. Necesito comprenderlo para no odiarme por mentirte... nunca te haría daño, y mentirte lo es. Y me dices que tú también me mientes, que no pasa nada porque sabes que todo es mentira y que lo aceptas. Pero jamás supe mentir, y aunque egoístamente quiera tus mentiras y me aproveche de ellas, me siento mal. Y me intento justificar diciendo que nada tiene de malo aceptar el juego si ambos jugadores conocen las reglas y están de acuerdo, que no hay maldad en hacer lo que hacemos... pero me siento mal. Yo... yo nunca supe ni quise mentir.

Y bailamos sobre el filo de la navaja ignorando el peligro. Porque a veces, de mentira se saca verdad y me temo que tu verdad no será la misma que la mía, que esta vez caeré del lado del más fuerte y no seré yo quien tiemble, ¿y sabes qué? que me da más miedo que si fuera al revés.

Que quien juega con fuego se quema, dicen. Que quien con niños se acuesta mojado se levanta, cuentan. ¿Y qué hay de quien acepta mentiras a sabiendas? ¿Qué hay de quien miente? Qué equivocado estaba Carlo Collodi al pensar que cuando uno miente le crece la nariz. Pero claro, hubiera sido más difícil explicarle a un niño que a una marioneta de madera, cuando dice mentiras, lo que le crece es un vacío inmenso en el corazón.


BSO: Mentiroso Mentiroso, Iván Ferreiro.
"... cierra los ojos y dime que da igual. Podré decir que todo era mentira, que todo esto es sólo un error, y tu podrás decir que no te afecta, que ésto no es la realidad. No negaré que a veces duela... Puede que esté bastante avergonzado y no lo voy contando por ahi... Podré decir que todo era mentira, no había nadie para comparar la situación; igual diré que es una coincidencia, que no tengo nada que ver, nada que perder y algo que ganar si me sale bien..."



***Nota posterior: Ya no quiero mentiras... la mentira tiene las patas cortas, y como ya dije, núnca me gustó, y ni quiero ni se mentir.

Patri

lunes, 24 de marzo de 2008

GPS

En diciembre, por mi cumpleaños, mi hermana me preguntó lo que quería que me regalaran ella y mi cuñado. Les dije que no hacía falta que me compraran nada – ya sabes, eso que se dice siempre... – pero insistió, así que le sugerí un pijama.

- Si hombre, otra vez un pijama. De eso nada... ¿No quieres un Tomtom?
- ¡¡¡¡Noooooooooooooooooooooooooo!!!! – rotundo.
- Joer, pero si es un regalo chulísimo, mucho mejor que un pijama.
- Pues yo prefiero un pijama. Ni se te ocurra gastarte una pasta en un GPS porque no lo voy a usar.
- Vaya que no, con lo que te gusta a ti ir por ahí, lo usarás seguro.
- ¡¡Te he dicho que no!! ¡¡Yo quiero un pijama!!

Por una vez en su vida me hizo caso y no me regaló un Tomtom – tampoco un pijama... – pero me jodió la vida regalándoselo a mi padre por su cumpleaños, que es unas semanas después. Si, me jodió la vida, lo juro. ¡¡Me desquicia!! ¡¡Eso no es un regalo, es una tortura!! Si ya de por sí los viajes largos con mi padre se me hacían cuesta arriba, ahora no soporto ni los viajes cortos, aunque sean de diez kilómetros. Y claro, acabamos a voces y bastante calentitos, ambos.

Y es que a mi un GPS me parece algo de provecho para alguien que trabaje en la calle o viajando, tipo comercial, repartidor, etc. O para hacer viajes y esas cosas puntuales. Pero no ¡no! para usarlo en la vida diaria. Pero qué le vamos a hacer si somos como borregos y tenemos que comprarnos todos un Tomtom porque es lo que se lleva. Y así pasa, que se llenan las calles de gilipollas con sus Tomtones de los cojones, y el primero mi padre.

Digo yo que para qué coño se pone este hombre el Tomtom todos los días para ir de casa al trabajo. ¡¡Hombre, pero si llevas 15 años trabajando en la misma empresa!! ¿es que no te sabes el camino? ¡¡Venga ya!! ¿Y para volver a casa, qué me cuentas? Me parece absurdo y tremendamente gilipollas usar el GPS para trayectos que conoces más que de sobra, pero mi padre va mas lejos todavía y roza el colmo de los colmos.

Situación casi real, es decir, 99% realidad, 1% ficción: Mi padre, el GPS y yo, los tres en el coche camino a casa, con el larguero, o cualquier programa deportivo de radio sonando de fondo, y a bastante volumen porque el hombre anda un poco sordo.

-GPS: A 100 metros, gire a la derecha.
-Mi padre: Claro, le he puesto en ruta que me lleve a casa y me indica bien. Qué listo es.
-Yo: Listísimo – irónico total...
-GPS: Gire a la derecha.
-Yo: ¡¡Qué haces!! ¿Para qué te vas ahora por la izquierda?
-Mi padre: Pues para ver si lo hace bien ahora si yo me equivoco.
-GPS: Cuando pueda, de la vuelta
-Yo: Estás fatal...
-GPS: Cuando pueda, de la vuelta.
-Yo: otra vez... qué pesao, si ya le hemos oido.
-Mi padre: A ver... me voy a meter ahora por esta calle, verás como dice que siga de frente.
-Yo: No me jodas... déjate de gilipolleces y tira para casa, que me voy meando.
-GPS: Tome la próxima salida a la izquierda.
-Mi padre: ¡¡Anda!! Se ha equivocado.
-Yo: ¿A qué juegas? Coooooooooño, que vamos a tardar tres días en llegar a casa joder, y estamos a 200 metros!!!
-GPS: Siga 300 metros y en la rotonda tome la tercera salida.
-Mi padre: ¡¡Calla, que no le oigo!!
-Yo: Lo mismo si no le oyes te pierdes, no te jode! ¡¡Y baja la radio!!
-GPS: Tome la tercera salida.
-Mi padre: Calla joder, por tu culpa me he equivocado y me he metido en la segunda. ¡¡Es que no puede ser contigo!! ¡¡Y deja la radio!! ¿Para qué bajas el volumen?
-Yo: Pues para que oigas bien al Tomtom y no nos perdamos, no te jode! Vaaaaaaamos, que me meoooooooo.
-GPS: Manténgase a la izquierda.
-Mi padre: Uy, esto va mal ehhh, no me indica bien que por aquí no es – y en marcha va manipulando el GPS...
-Yo: ¡¡Pero suelta esooooooo!! Madre mia, nos matamos ehhh.
-GPS: ¡¡Calla coñoooooooo!! (ah no, ese no era el GPS, era mi padre... desvarío ya hasta contándolo...)
-GPS: Tome la primera salida a la derecha y después a la izquierda. – y seguidamente, emite un pitido.
-Mi padre: ¡anda! ¡No jodas que hay aquí un radar!
-Yo: Papa.. por favor... que estamos en un descampado!!!! Aquí lo único que hay son cardos, y no radares!
-GPS: Fin de trayecto.
-Yo: ¡¡ Y unos cojones!! Fin de trayecto dice, y estamos a la otra punta del pueblo!
-Mi padre: por tu culpa, ves? Ya no se a qué botón le he dado que ha cambiado la ruta.
-Yo: ¿Por mi culpa? Mira ehhh, que yo no estaba jugando al ratón y al gato con el GPS de los cojones. ¡¡que no se para qué coño lo pones para ir a casaaaa, que llevamos 20 años viviendo aquiiiiiiiiiiiii!
-Mi padre: ¡¡Que te calles!!
-Yo: ¡¡Que te calles tu joder!! Que llevamos media hora en el coche cuando estamos a 200 metros de casa, no me jodas! Para, que me bajo!
-Mi padre: ¡¡Estate quieta, cierra la puerta!!
-Yo: Si, no vaya a ser que se te constipe el Tomtom, no te jooooode. Que me bajo, que me estoy meando, y yo me voy andando.

Y esto tan sólo en un trayecto de escasos 5 kilómetros... vamos, de la gasolinera de mi pueblo a mi casa. No os quiero ni contar el viajecito que me ha dado toda la Semana Santa, encima con mi madre de copiloto... Si no fuera mi padre, lo hubiera estrangulado con el cable del Tomtom, jurao.

GPS? No, gracias. Que yo me apaño muy bien con la guía CAMPSA, que ni habla ni na.

NDA: Que me perdone mi padre por ser el protagonista absoluto de mis post peor hablados, pero es que me enciendeeeeeeeee. Está visto que mi padre con los cacharritos electrónicos no se lleva bien, y si no rebobinen ustedes y léanse las peripecias que pasamos con la antena aquella que se compró para ver doscientos mil canales y que para vuestra información ahí sigue muerta de risa sin funcionar (por mi culpa, según él... 100 latigazos me daré por no haber sido ingeniera de la NASA y no haber sabido ponerla en funcionamiento).
Y como hoy estoy de buen humor, pese a lo que acabo de contar y tener aun fresco el viaje de vuelta de ayer en el que casi llegamos a las manos, le dedico este post a Nacho, que sé que se reirá un montonazo y se acordará de su padre que también ha de ser un poquito cafre, como el mío; y a Pequeña, que sé que le gusta cuando cuento anécdotas de este tipo.

domingo, 23 de marzo de 2008

Contradicción

Me gusta andar descalza y no hacer ruido. Sentir el frío del suelo en mis pies, o la humedad de la tierra, la suavidad de la hierba.

Me gusta cuando a veces calzo tacones y suenan fuertes y firmes al andar, marcando el compás de mis pasos como un redoble fuerte de tambor anunciando mi llegada.

Me gusta reír hasta llorar, hasta que duele la tripa y los músculos de la cara. Reír con o sin motivo.

Me gusta llorar, tal vez llorar hasta reír. Dejar salir mis lágrimas, todas, cuantas más mejor. Vaciar mis lacrimales y mis penas dejando así desierto el espacio que ocupan.

Me gusta salir, viajar, no parar. Andar de aquí para allá, conocer sitios, tumbarme al sol o a la sombra y respirar el aire fresco y puro.

Me gusta encerrarme en la soledad de las paredes de mi cuarto. Tumbarme en la cama bajo la manta o sobre ella y no dejar que se cuele ni un rayo de luz del exterior, ni una chispa de aire que corrompa mi cueva secreta.


Me gusta la música, el bullicio...

Me gusta el silencio, su sonido...

Me gusta la compañía...

Me gusta estar sola...

A veces soy pura contradicción, o tal vez tan sencilla que parece justo lo contrario. Pero siempre la misma.

Sólo quiero que me abraces,

Pero no, hoy no...

Sólo quiero que me beses,

Pero no, hoy no...

Sólo quiero que me encuentres,

Pero no, hoy no...

Ven...

Pero no, hoy no...

Quizá mañana...

Quizá hoy...

miércoles, 19 de marzo de 2008

De sal y arena... Sirena

Lloró mares de espuma y agua salada. La marea mojó su cuerpo, bañó su piel y se filtró hacia el interior. Las goteras hicieron estragos en sus órganos internos y empaparon cada rincón. Mas un buen día salió el sol. La tormenta había terminado y la marea cesó dando paso a un mar calmado. Las nubes se despejaron y se alegró, pobre sirena... pensaba que todo había pasado, pues todo el mundo sabe que tras la tempestad llega la calma. Pobre sirena...
Los rayos del sol alcanzaron su piel cubriéndola de un agradable calor. La sal empezó a secarse en todos aquellos rincones que sus lágrimas habían mojado. Se secaron sus ojos, su sonrisa... se secaron sus labios y a través de la boca el calor pasó dentro. Endureció sus cuerdas vocales, selló sus oídos... y un desierto de sal dura y seca invadió poco a poco su ser hasta alcanzar el origen, el comienzo de todo: su corazón. Quedó petrificado, frío, seco...una roca.
El sol seguía brillando, y ella muda, ciega, sorda y sin un solo latir. Lo peor no había pasado cuando las nubes se abrieron y dejó de llover. Ahora era una sirena de sal, ahora no sentía, ahora no lloraba, ahora no reía. Ahora sólo existía.Y existió, por los siglos de los siglos, mientras el sol cada vez la secaba más y el viento la erosionaba. Tan sólo los días de lluvia, cuando la humedad se colaba entre las grietas de su cuerpo, alcanzaba a sentir esperanza. La esperanza de que algún día unas lágrimas dulces se derramaran por ella y tal vez rompieran su hechizo.

martes, 18 de marzo de 2008

Cosas de curro...

Suelo tirar bastante de empatía en cualquier situación que implique a más personas además de a mi. Si además le unimos que soy una blandengue – pero no se lo digáis a nadie – y que no sé decir a nada que no, pues resulta que al final todos se salen con la suya y suelo salir perdiendo.
Llevo esta forma de ser mía al curro, intentando facilitar el trabajo a mis compañeros y evitarles presiones... aunque eso a veces suponga no darle exactamente lo que quiere al cliente, sobre todo en cuanto a plazos de entrega. Eso si, siempre respondiendo. Soy de la opinión de que actuar así te trae más puntos a favor que en contra. Es como una cadena: si yo le facilito el trabajo al de Planning y no le presiono pidiéndole una fecha de entrega un poco justa, mañana si necesito que me adelante otro trabajo me deberá un favor, y lo hará. Si le retraso una fecha de entrega al de Almacén para que optimice portes, mañana si me corre prisa entregar otra referencia me hará el favor y me la “colará” delante de otro porte previsto. Es un hecho. No sé si con esta explicación quedará claro lo que quiero decir, pero puedo resumirlo diciendo que pienso que, aunque seamos de distintos departamentos, todos vamos en el mismo barco y debemos remar en la misma dirección. Incluso si puedo, remaré a ratos más fuerte que ellos, para que cuando yo esté cansada o no pueda, remen ellos por mí. No se trata de intereses, ni de eso de “favor con favor se paga”. Para mi es puro compañerismo.
Esto también lo uso con clientes y proveedores... es un “hoy por mi, mañana por ti”. Me gusta el trato suave, evitar las presiones... y normalmente por las buenas sueles sacar mejores condiciones que por las malas. Además, a mi eso de ir por las malas jamás se me dio bien, y me cuesta ponerme en esa tesitura.
Si todos fuéramos un poquito así, creo que el trabajo sería más fácil, más efectivo, y hasta más divertido, porque nos evitaría muchos problemas. Pero no todos somos así. De hecho, creo que en mi departamento soy la única que tiene esa forma de trabajar, por lo que compañeros, clientes y proveedores no están acostumbrados a que alguien del departamento Comercial trabaje de esta forma. Tanto así que hoy me ha sorprendido un comentario de uno de nuestros manipuladores-proveedores.
Le he llamado, reclamándole un trabajo que debería haberme entregado la semana pasada y que aún estoy esperando. La conversación ha sido la siguiente:

- Oye Pili, ¿qué pasa con los Tótem?
- ¿Qué Tótem?
- Joder Pili, cómo que qué Tótem! Que te dije que los tenía que tener la semana pasada, me pusiste pegas porque estabas muy agobiada y pude retrasar la entrega con el cliente hasta mañana, con la condición de que me los tuvieras aquí como mucho hoy.
- Ya... pero....
- Joder Piliiiiiiiiii, que llevamos con este pedido un mes tía.
- Ya, pero es que de tu departamento me están pasando más pedidos y no saco tiempo para los Tótem.
- Pili, no me digas eso, porque mis pedidos también son trabajo ehh, y están de antes que los otros, no me jodas...
- Ya... pero es que como tu no eres como las otras (refiriéndose a mis compañeras de departamento)
- ¿Cómo que no soy como las otras? ¿A qué te refieres? – no entendía a qué se refería, porque a diferencia de mis compañeras, además del trabajo comercial hago tareas de recepción y centralita, y pensé que se refería a eso...
- Si Patri, que tu no me das voces ni te cabreas, ni me presionas para que tenga las cosas ya. Tu eres más maja.
- Coño Pili, ¿cómo me dices eso? ¿Me estás diciendo que soy más maja, y que como no te grito ni te presiono me trabajas peor que a las demás? ¡¡Venga coño Pili!! ¿Es que tengo que tratarte como ellas? ¿Eso quieres?
- Nooooo, para nada.
- ¿Entonces?
- Va, venga, mañana a primera hora los tienes allí.
- Gracias.
- De nada, maja.

Tiene cojones la cosa. Yo toda la vida pensando que se trabaja mejor sin presiones y que si te tratan bien respondes mejor que si te tratan mal, y por lo que veo aún queda gente que funciona mejor cuando las cosas son a voces y con exigencias. Y encima tiene la cara dura de decirme que como yo soy más maja... ¡¡coño, pues como soy mas maja cúrratelo conmigo como yo me lo curro contigo joer!!

Al final tendré que pasarme al plan B y ser una puta borde y pedir las cosas por cojones… se ve que sólo así se funciona.

lunes, 17 de marzo de 2008

Con los ojos abiertos

Me he dado cuenta de que ya nunca cierro los ojos... siempre abiertos, siempre alerta, buscando en sus ojos lo que nunca encuentro, observando cada gesto. Registro sus sonrisas, su miradas... siempre abiertos mientras les beso o me dejo besar.

Y me limito a sentir el placer físico, a entregarme a sus manos, sus labios, su sexo. Vacío mi mente de todo sentimiento y sólo queda cuerpo y deseo... y mis ojos abiertos.
A veces no pienso... casi nunca pienso. Sólo actúo y disfruto, y hago disfrutar. Me aplico en mi tarea tanto como ellos en la suya... pero siempre abiertos, siempre vacíos.
No me cuesta abandonarme a su antojo y al mío... pero a veces... a veces el vacío me cala más dentro y abro más los ojos, y entonces le veo, y no es lo que quiero. Ni él ni los otros que igual que él pasan por mis brazos y mi cuerpo sin rozar mi alma. Ninguno de ellos son quien quiero que sean.

Y mis ojos abiertos lo ven... y yo no los cierro. Porque si los cierro puedo equivocarme y soñar... porque si los cierro puedo creer que es él y no quiero. No quiero soñarle ni imaginarle mientras otro me toca.

Quisiera poder un día cerrar los ojos, saber que aunque los cierre estará ahí, saber que es él sólo con el roce de sus labios sin necesidad de mirarle. Saber de su deseo sólo sintiendo la leve caricia de su aliento en mi piel. Con los ojos cerrados... sentir como no sólo mi cuerpo lo siente, sino que toca mas allá de lo físico... y cerrarlos.

No sé si algún día lo haré. Tal vez lo haga después de haberle encontrado, después de haberle besado con los ojos abiertos y haber sentido que es quien buscaba.

Ya no los cierro nunca... siempre abiertos...

“...y mi corazón badea a popa, no se dónde está mi ropa... la habré perdido junto al miedo...”
“...y hace ya tiempo que vivo al día, que no me bajo en ninguna estación, y no me importa partirme la cara por una mirada, por un corazón... y si hace falta me juego la vida, me juego la muerte que es mucho mejor...”