miércoles, 9 de abril de 2008

La leche ¡¡qué día!!

6.15 a.m. Suena la charanga. Wake up!! Al bajar de la cama no encuentro mis zapatillas ¡¡joder qué frío está el suelo!! Vuelo hacia la ducha... ¡¡fríaaaaa, está fría!! Grrrrrrrr siempre me tiene que tocar a mi. Rápido, a desayunar... ¡¡no hay leche!! Grrrrrrrr ya desayunaré en el curro. Me visto, me seco el pelo y arreo escaleras abajo a coger el coche. ¿Las llaves? En mi cuarto. Vuelvo corriendo como alma que lleva al diablo, las cojo y de vuelta al coche. Sólo voy 5 minutos más tarde de lo habitual... no problem.

7.45 a.m. El atasco es monumental. Estoy a menos de 1km de mi trabajo pero parada. Un trailer lleno de cajas de leche – y no mala, como la que se me está poniendo a mi – ha volcado justo en la última rotonda antes de llegar a mi curro. ¡Ya podía haber volcado en mi casa, que estamos sin leche! Finalmente llego a tiempo, no así el resto de mis compañeros de oficinas.

8.00 a.m. Atravieso fábrica para fichar y me parece tener una visión. Una de mis cajas está impresa en Negro42... ¡¡y debería ir en Azul39!! Ficho, vuelvo a mi sitio y enciendo el PC dispuesta a buscar la ficha de impresión de esa referencia y darle al encargado de fábrica con ella en las narices, a ver si aprende – él y el maquinista de turno - a distinguir que Negro42 ¡¡es negro!! y Azul39 ¡¡es azul!!. Peeeeeeeero no me da tiempo, porque se abre la puerta tras de mí y aparece el transportista estrella, alias Pancho Villa y el jefe de almacén. La administrativa de almacén no ha llegado y necesitan urgentísimo dos albaranes ¿y a quien le toca? A la menda lerenda. Pero eso no es todo, porque se vuelve a abrir la puerta. El encargado de fábrica reclamándome nosequé plano de nosecual caja... ¡¡ me tienen ya hasta el higo y acabamos de empezar!!

08.15 a.m. Pancho Villa y jefe almacén se van echando leches con los albaranes hechos. Y ahora viene lo bueno... me encaro con el encargado de fábrica. Por partes chato: el plano que me pides está donde debe estar. Si, como siempre, no sabes ni donde tienes la mano derecha, no es mi problema. Y ahora mira conmigo esta caja... ¿de qué color son las letras? Negras. ¿Y qué color dice en la orden de trabajo que deben ser? ¡¡AZUL 39!! ¿Cuántas planchas habéis impreso? 5000, o sea, todas. ¿Y ahora qué? Esta caja tenía que haberla servido ¡¡ayer!! Y me la imprimes ayer tarde y mal. Informe de No Conformidad. Despachado, que hoy estoy justiciera.

8.30 a.m. Llamo al cliente de la caja Azul39 (ahora Negra42). Me dan ganas de decirle que al encargado de fábrica de este turno le sacamos del zoológico y no sabe leer, pero le tengo que hacer la “mamadita de turno” y contarle una milonga fantástica sobre proveedores de tintas y diferencias entre pantoneras para justificarle el cambio de color en sus letras. Que no se volverá a repetir, que estoy muy arrepentida y me daré 5000 latigazos, uno por caja, y si hace falta haré el Camino de Santiago de rodillas. Se apiada de mi y me dice que no hay problema, pero que Santo Tomás, una y no más.

8.45 a.m. El cliente porculero empieza con su tarea favorita: dar por culo. Pedido urgente de 1.500 formatos para dentro de una hora. Lo lleva claro, porque para ello tengo que volver a pegarme con el de fábrica y con el de almacén, con los dos. Y el de fábrica, vale, pero el de almacén mide 1.90, 4x4, y es lo más parecido al enano gruñón de Blancanieves. Pero como hoy estoy guerrera – no sé si ha sido por la ducha fría o por la falta de leche de la buena... – me pongo a ello y les lío para que me lo tengan a tiempo.

9.00 a.m. Como llevo sólo una hora aquí y ya me han saturado, voy a ver si me tomo un cafelito... Hoy es mi día: cafetera vacía y encima sucia. Me toca fregarla y poner el café. La gente no entiende que a quien se le acaba le toca fregarla y ponerla. Mientras se hace, bajo a fumarme un cigarro... se me ha quedado el mechero sin gas ¡¡y no hay nadie más fumando!! Increíble pero cierto. Así que paso a fábrica y ¿a quién me encuentro? Al del zoo. Le pido fuego y me mira con cara de perro. Guau. Me fumo mi pitillo y vuelvo a por mi cafelito recién hecho... ¿y qué me encuentro? Los posos. Los cabrooooones de mis compañeros – no tienen otro nombre hoy – han llegado al comedor mientras yo fumaba y se han puesto sus cafelitos, y me han dejado un culín. Mecawenlaostiaputayenlasotadebastos!!!! Me lo tomo con leche – de la mala y de la buena – y vuelvo a mi sitio... un poco más relajada, eso si, pero no sé por qué.

Son las 11.30 justo ahora que termino de escribir esto. No sé cuántos marrones y jodiendas más me deparará el día.
En días como hoy, me acuerdo de Mariano, que siempre decía:
“Hoy puede ser un gran día, hasta que venga alguien y te lo joda”Menos mal que a mi no me da la gana hoy de dejarme joder (el día). ¡¡Y estoy de muy buen humor!!

:P

martes, 8 de abril de 2008

Juguete roto

Se rompieron las piezas y ahora estás de rodillas y con las manos en la cabeza, como un niño, lamentándote por tu mala suerte. No fue culpa tuya, a veces pasa. Hay juguetes tan delicados que siempre corren riesgo de romperse. Pero no te preocupes, que yo recogeré los pedazos con cuidado de no quebrarlos más. Les limpiaré el polvo soplándolos uno a uno delicadamente, y los guardaré en una cajita. Después, poco a poco, iré uniéndolos con un hilo mágico, pero muy poco a poco... tardaré días, semanas, meses, quizá incluso años. Pero prometo que al final quedará como nuevo, incluso mucho más bonito que antes de haberse roto. No hagas nada, tu sólo confía en mi.

lunes, 7 de abril de 2008

Julian, el pastor.

El domingo fui con mi familia al pueblo de mis tíos. Se trata de un pueblecito pequeño perdido en mitad de la Alcarria, digamos que entre Imon, Jadraque y Sigüenza. Uno de esos lugares en los que los vecinos que viven allí durante la mayor parte del año no suman el medio centenar. Cinco o seis calles mal asfaltadas, casas viejas, puertas abiertas y un solo bar que sólo abre los fines de semana y en verano. Un lugar donde hace un par de domingos se celebró la primera boda religiosa desde hacía más de veinte años y por eso fue todo un acontecimiento. Un lugar donde los pocos niños que hay aún juegan en la calle durante todo el día sin preocupaciones, como lo hacía yo hace ya dos décadas y como ya no se ve en ningún sitio. Un lugar donde todos se conocen. Un lugar en donde puedes andar por mitad de la carretera durante kilómetros sin ver pasar un solo coche. Un lugar en el que, si cierras los ojos e ignoras los tractores y las mulillas mecánicas, puedes sentirte como transportado en el tiempo cuarenta años atrás.
Siempre me gustó ese pueblo y sus moreras. Siempre me gustó su silencio y lo acogedor de su gente. Recuerdo haber pasado allí un par de semanas cuando era pequeña, con mis primos. Ya entonces me llamó la atención aquél hombre al que sólo veía alguna noche de tarde en tarde. He vuelto al pueblo muchas veces, a pasar el día con la familia, y alguna vez he vuelto a verle, pero muy pocas veces.
Julián es pastor. Tendrá unos cincuenta años pero parece que tuviera diez más. De hecho yo siempre le recuerdo viejo, siempre tan curtido por el sol. Heredó el oficio de su padre y es lo único que ha hecho toda su vida, cuidar de sus ovejas. Salía de casa de buena mañana y regresaba de noche. Pasaba el día en el campo con el ganado, arreglando las naves donde guardaba sus ovejas... siempre trabajando de sol a sol. Un trabajo duro si, pero estaba siempre feliz. En casa esperándole su mujer y sus hijos, cuando volvía siempre era fiesta.
Hace unos años a la gente aún le parecía raro que conservara un trabajo así. Todo el mundo trabaja en fábricas, oficinas, etc... pero el ser pastor lo veían como algo del pasado. El no. ¿Para qué cambiar de oficio si así era feliz? No tenía un jefe que le exigiera, sus obligaciones se las imponía él y sus ovejas, no tenía un horario al que someterse, y disponía de mucho tiempo para hacer cosas que le gustaban, como leer durante horas en mitad de un llano, tumbado bajo la sombra de las moreras. Y además, económicamente no le iba mal. Los meses fuertes cubrían los flojos, pero balance siempre positivo, muy positivo.
Ayer le vi a medio día, en el único bar del pueblo, tomándose un vermouth rojo con mi tío. Cuando nos vio llegar nos reconoció, a pesar de habernos visto contadas veces. Julián siempre tan cercano, como si te conociera de toda la vida. Nos extrañó verle allí a esas horas, porque normalmente los domingos aprovechaba que tenía por allí a sus hijos mayores echándole una mano con el ganado. Pero allí estaba, en el bar, tranquilamente.

- ¡¡Hombre Julián!! Qué raro tu por aquí...¿hoy te han dado el día libre las ovejas?
- Uy... pero si ya no las tengo – lo dijo cargado de tristeza.
- ¡¡No me digas!! ¿Qué ha pasado?
- Las he vendido todas.

Casi se le saltaban las lágrimas. Nos contó que las había vendido hacía unos meses. Le pregunté si es que el negocio iba mal, pero negó con la cabeza.

- O las vendía, o la mujer se separaba – dijo medio en serio, medio en guasa.

Mari estaba cansada de sus ausencias y le había pedido mil veces que dejara el campo y las ovejas, pero él siempre se negaba y alegaba que eran su vida, que era lo único que había hecho desde niño y que así era feliz, le gustaba su forma de vida. Pero reconoció que en los últimos tiempos el trabajo se había multiplicado. Los chicos habían acabado sus estudios y se habían marchado a vivir fuera y ahora no tenía su ayuda. Se había juntado con casi dos mil cabezas de ganado y él solo no podía si no era echando muchas, muchas horas.

- Yo no quería, pero Mari insistía... y una mañana llegó un tío con un todo terreno y se paró a hablar conmigo en mitad del campo. Me dijo que compraba ovejas, que si le vendía alguna y a qué precio. Y bromeando le dije que todas y le dije un precio que en realidad era el doble de lo que valían. Las echó un vistazo y se sacó un fajo de billetes del bolsillo y me lo dio como señal. ¡¡Me cago en la ostia, qué cabreo me pillé!! No conté ni el dinero. Lo eché en la mochila y me fui a casa deseando no haberle dicho que vendía todas. Cuando llegué la Mari me preguntó cómo había ido el día, como siempre... y le dije que había vendido las ovejas. No me creyó, así que le dije que mirara en mi mochila. Debía haber mas de nueve mil euros sólo de señal. Entonces me creyó. Se las vendí todas, hice muy buena venta la verdad. Y ahora pues estoy trabajando en una empresa... pero no es lo mismo, a mi no me gusta. Cualquier día compro ovejas...
Le miraba a los ojos mientras nos lo contaba y eran todo tristeza. Todos le decían que ahora estaba mucho mejor, que trabajaba 8 horas y a casa, que libraba sábados y domingos, que tenía un sueldo fijo... todo ventajas. Pero él seguía echando de menos su trabajo, ser pastor. Le entendí. Ahora le absorberá la rutina, el estrés, la vida moderna... con lo a gusto que estaba él con sus ovejas, en aquél pueblo perdido en la Alcarria, viviendo en paz.

domingo, 6 de abril de 2008

Sigo viva

A veces siento miedo. Miedo de convertirme en un témpano de hielo, en una roca de granito, en una estatua de sal. Miedo de convertirme en aquello que tantas veces deseo ser para evitarme los pesares.
A veces me abandono al deseo de otros. Juego a no ser yo, a transformarme en mujer fría que sólo busca el placer físico. Y me complace ese disfrute, no lo niego. Pero después la transformación se deshace y vuelvo a ser yo, y entonces ya no hay goce, sino culpa, y ese vacío que tantas veces me persigue y del que sigo huyendo siempre.
El vacío me da miedo, tanto como la frialdad continua. Temo que la nada se apodere de mí y me deje carente de sentimiento. Y me aterra no sentir, porque no sentir es morir.


En la oscuridad de la noche, mirar la luna tras la ventana, gotas de lluvia rodando por el cristal. Música en mis oídos y en mi olfato aroma a cera caliente de unas velas encendidas para alumbrar al silencio. Mecerme con los acordes que toca un aliento acercándose a mí, paso a paso, despacio, acariciando con la mirada lo que después cobijarán sus brazos. Y un abrazo, por la espalda… y el vaivén de sus pasos y los míos. Su nariz en mi cuello, el roce de mi pelo en su cara, sentirme protegida… y el abrazo se estrecha. Y soñar


Pues no… no debo estar muerta aún.

martes, 1 de abril de 2008

¿Sueño? o...

Crucé aquél muro de adobe escarbando la tierra. Era tan alto que no era capaz de saltarlo, así que ahondé en el suelo usando mis manos y todo lo que encontré que pudiera servirme para cavar un hoyo lo suficientemente grande como para atravesarlo.

Estuve a punto de rendirme. Mis fuerzas flaquearon cuando me vi empapada en sudor y muerta de frío. Pero una voz interior no dejó que me diera por vencida. Fue él, estoy segura... y tal vez mi yo del otro lado, deseando mostrarme mi pasado... y mi futuro.

Cavé y cavé, y no me rendí. La tierra cedía ante la insistencia de mis manos, abriéndo el paso para mostrarme el camino. Cuando el hoyo fue lo suficientemente grande gateé por él hasta cruzar al otro lado del muro. No sabía qué era lo que iba a encontrar, pero no tuve miedo. Reconocí ese lugar como mío, a pesar de no haber estado allí nunca. Un llano se abrió ante mí, verde, limpio, rodeado de bosque. Al fondo unas viejas casas y cerca de ellas, algunas personas mirándome de forma tranquila, sin extrañeza.

Me levanté del suelo y sacudí mis ropas. Ya no eran las mismas. Una vieja falda de tela oscura y una blusa de lino gastada por el tiempo era todo lo que vestía; iba descalza. Llevaba el pelo suelto, ondulado y largo, de un rubio un tanto rojizo. Reconocí mis ojos y mi piel, siempre tan blanca. Era distinta, pero era yo.

Caminé hacia las casas, decidida, como si conociera el camino. La gente me saludaba al pasar por su lado, incluso me sonreían cariñosamente... me conocían y yo, extrañamente, sentía que también les conocía a ellos.

No sabía hacia dónde iba, pero seguí a mis pies y a mi corazón, que sí debían conocer el camino. Llegué a la puerta de una casa. Era una puerta pequeña, de una hoja, curvada en la parte superior, formando un arco. No llamé, sino que entré con toda naturalidad, como si fuera mi casa...

Nada más cruzar el umbral un niño pequeño, de unos cinco años, corrió hacia mí. Era rubio y pecoso... me recordó a alguien, me resultó familiar. El niño llegó hasta la puerta y me abrazó por la cintura, y yo... yo sonreí y le acaricié el pelo. Era mi hijo... Entonces fui consciente de dónde estaba... Recorrí con la vista el lugar donde me encontraba. Las paredes eran blancas, encaladas, un tanto sucias por el humo del hogar que ardía en un rincón. Sobre el fuego un caldero humeando... olía bien, muy bien. Cerca de allí había una basta mesa de madera y cuatro sillas, y detrás una cuna... Desde donde estaba no podía ver si dentro había un bebe, pero lo supe. Era una niña. El niño me soltó y corrió a jugar a algún rincón... creo recordar que allí, con él, jugaba otro pequeño.

Entonces me giré hacia la izquierda, y allí estaba él. Me observaba serio desde un rincón. Había dejado de hacer algo y me miraba. Sus ojos eran oscuros y profundos, tan aparentemente serios que a penas dejaban ver la sonrisa que brotaba de ellos. Sólo otra mirada llena de complicidad sería capaz de leerlos y saber que además de sonrisas, aquellos ojos emanaban amor. Y esa otra mirada era la mía. Sentí cómo mi cuerpo se veía atraído hacia el suyo... mi corazón tiraba de mí. Me acerqué, muy despacio, observando cada rasgo... su pelo ensortijado, su tez morena, lo anguloso de su cara, sus fuertes brazos, su pecho... No dejó de mirarme a los ojos un solo instante. Su respiración se agitó suavemente cuando estábamos más próximos y al llegar a él se incorporó un poco más. Nos mirábamos, reconociéndonos, sin hablar.

De nuevo oí aquella voz interior: “estás aquí”. Era su voz, que se mezcló con la mía en mi cabeza. Estaba allí. Llevó su mano a mi cara y la acarició, rozó mis labios con la yema de sus dedos... temblé. Y entonces me besó, tan suave y delicadamente que aquel beso me pareció una caricia al corazón. En ese instante lo entendí todo, y mis ojos se llenaron de lágrimas. “No llores... te esperaré”. Cerré los ojos y respiré profundamente, tan cerca de él que absorbí su olor. “Tienes que irte...”. No podía moverme pero sabía que aquél ya no era mi lugar y tampoco mi tiempo... tenía que volver. Clavé mis ojos en los suyos por última vez y sé que, aun sin pronunciar palabras, me escuchó...”te buscaré...te encontraré... te esperaré... no me olvides”. Sonrió, volvió a besarme y me giré hacia la puerta. Oí un pequeño llanto que venía de la cuna y vi a los dos niños mirarme y sonreír. Les devolví la sonrisa mientras en mi mente resonaban palabras...”volveré... volveremos a estar juntos...lo se”.

Crucé la puerta y la cerré tras de mí. Al principio sentí vacío. Lloré. Lloré primero amargamente. Era injusto haberlos sentido para luego tener que dejarlos allí. Pero después lloré de alegría... eran mi vida, mi pasado, mi futuro. Salí de allí segura de que algún día, en algún tiempo, volveríamos a encontrarnos.

Cuando regresé, un pensamiento quedó fijo en mi cabeza. Cogí mi cuaderno y le escribí: "Viajé en el tiempo, buscándote, buscándome, buscando mi lugar… Espérame, porque te seguiré buscando allá donde estés.”

Un ratito más

Enredada en el calor de las sábanas, envuelta en oscuridad... Cada mañana el despertador me saca de mi letargo... un ratito más. Y me doy media vuelta y me acurruco, intento alargar el momento... sólo un ratito más, por favor. Y el despertador vuelve a sonar y yo... un ratito más.

No es pereza, es sólo que necesito alargar los momentos agradables, como cada despertar del día nuevo. Me paso la vida pidiendo un ratito más.

Un ratito más en la ducha, un ratito más paseando al sol, un ratito más para correr bajo la lluvia, un ratito más en aquella cama, un ratito más de aquél concierto, un ratito más de mil risas, un ratito más para charlar, un ratito más de ese abrazo, un ratito más de silencio, un ratito más en la playa, un ratito más en el mar, un ratito más de su vida, un ratito más de una mano en la mía, un ratito más de tus letras, un ratito más de cada persona, un ratito más de mi misma...

Dame un ratito más, por favor.

lunes, 31 de marzo de 2008

No entiendo

Hay cosas que NO entenderé en la vida... algunas porque soy una cazurra cabezota... otras porque sencillamente no tienen explicación coherente.

- No entiendo el por qué del cambio de hora.
- No entiendo por qué vuelan los aviones.
- No entiendo por qué no hago caso a mis sueños e intuiciones, cuando sé más que de sobra que siempre tienen razón.
- No entiendo por qué me empeño en pensar que todo el mundo es bueno hasta que se demuestra lo contrario.
- No entiendo por qué no puedo llorar.
- No entiendo por qué siempre la culpa es mía.
- No entiendo por qué he de callarme.
- No entiendo por qué a veces me falta el aire y quiero gritar.
- No entiendo por qué a veces alguien me tiene envidia.
- No entiendo muchas cosas más, y punto.

Lista ampliable.

martes, 25 de marzo de 2008

Mentira

¿Y qué si ahora quiero una mentira?

Hay mentiras y mentiras, aunque a mi jamás me gustaron ninguna de ellas. En cambio ahora quiero una mentira. ¿Pero a caso es un engaño la mentira que todos saben que lo es? No, no lo es. Si yo sé que es mentira y tú sabes que es mentira, entonces no nos engañamos. Tampoco quiere decir que conozcamos la verdad, pero sí conocemos la mentira, por tanto no hay engaño.

Quiero una mentira a sabiendas de que lo es. Aunque no me gusten, aunque odie mentir. Pero no mentiré, porque diré que es mentira y tu lo sabrás... no te engañaré. Tu sabes que es mentira, yo se que es mentira.

Quiero la mentira de tus brazos, la de tus ojos y también la de tus labios. Quiero la mentira de tu lengua en mi ombligo, la de tus dedos en mi piel, la de tu aliento en mi nuca. Quiero la mentira de tu boca cuando susurres que me echaste de menos, cuando digas que necesitas verme, cuando me pidas un beso más. Quiero todas esas mentiras y yo te daré las mías. Te mentiré con la mirada, te mentiré con cada beso, te mentiré mientras hacemos el amor. Y será todo mentira, y lo sabremos. Sabes que no es verdad, pero lo quieres, y yo lo quiero.

Qué triste es. Anhelamos hacer de mentiras, verdades. Y mientras tanto nos conformamos con pura falsedad. Y aun sabiendo que mentimos, lo hacemos. Porque a veces una mentira reconforta al corazón, porque a veces la mentira es sincera. Sincera como decir que lo necesitamos aunque sea falso.

Quizá sea conveniencia, ¿y qué?. Quizá un acuerdo entre los dos, ¿y a quién le importa sino a nosotros mismos? Quizá sólo busco justificarme o explicarme a mi misma el por qué de mis actos, el por qué de toda esta mentira aceptada. Necesito comprenderlo para no odiarme por mentirte... nunca te haría daño, y mentirte lo es. Y me dices que tú también me mientes, que no pasa nada porque sabes que todo es mentira y que lo aceptas. Pero jamás supe mentir, y aunque egoístamente quiera tus mentiras y me aproveche de ellas, me siento mal. Y me intento justificar diciendo que nada tiene de malo aceptar el juego si ambos jugadores conocen las reglas y están de acuerdo, que no hay maldad en hacer lo que hacemos... pero me siento mal. Yo... yo nunca supe ni quise mentir.

Y bailamos sobre el filo de la navaja ignorando el peligro. Porque a veces, de mentira se saca verdad y me temo que tu verdad no será la misma que la mía, que esta vez caeré del lado del más fuerte y no seré yo quien tiemble, ¿y sabes qué? que me da más miedo que si fuera al revés.

Que quien juega con fuego se quema, dicen. Que quien con niños se acuesta mojado se levanta, cuentan. ¿Y qué hay de quien acepta mentiras a sabiendas? ¿Qué hay de quien miente? Qué equivocado estaba Carlo Collodi al pensar que cuando uno miente le crece la nariz. Pero claro, hubiera sido más difícil explicarle a un niño que a una marioneta de madera, cuando dice mentiras, lo que le crece es un vacío inmenso en el corazón.


BSO: Mentiroso Mentiroso, Iván Ferreiro.
"... cierra los ojos y dime que da igual. Podré decir que todo era mentira, que todo esto es sólo un error, y tu podrás decir que no te afecta, que ésto no es la realidad. No negaré que a veces duela... Puede que esté bastante avergonzado y no lo voy contando por ahi... Podré decir que todo era mentira, no había nadie para comparar la situación; igual diré que es una coincidencia, que no tengo nada que ver, nada que perder y algo que ganar si me sale bien..."



***Nota posterior: Ya no quiero mentiras... la mentira tiene las patas cortas, y como ya dije, núnca me gustó, y ni quiero ni se mentir.

Patri

lunes, 24 de marzo de 2008

GPS

En diciembre, por mi cumpleaños, mi hermana me preguntó lo que quería que me regalaran ella y mi cuñado. Les dije que no hacía falta que me compraran nada – ya sabes, eso que se dice siempre... – pero insistió, así que le sugerí un pijama.

- Si hombre, otra vez un pijama. De eso nada... ¿No quieres un Tomtom?
- ¡¡¡¡Noooooooooooooooooooooooooo!!!! – rotundo.
- Joer, pero si es un regalo chulísimo, mucho mejor que un pijama.
- Pues yo prefiero un pijama. Ni se te ocurra gastarte una pasta en un GPS porque no lo voy a usar.
- Vaya que no, con lo que te gusta a ti ir por ahí, lo usarás seguro.
- ¡¡Te he dicho que no!! ¡¡Yo quiero un pijama!!

Por una vez en su vida me hizo caso y no me regaló un Tomtom – tampoco un pijama... – pero me jodió la vida regalándoselo a mi padre por su cumpleaños, que es unas semanas después. Si, me jodió la vida, lo juro. ¡¡Me desquicia!! ¡¡Eso no es un regalo, es una tortura!! Si ya de por sí los viajes largos con mi padre se me hacían cuesta arriba, ahora no soporto ni los viajes cortos, aunque sean de diez kilómetros. Y claro, acabamos a voces y bastante calentitos, ambos.

Y es que a mi un GPS me parece algo de provecho para alguien que trabaje en la calle o viajando, tipo comercial, repartidor, etc. O para hacer viajes y esas cosas puntuales. Pero no ¡no! para usarlo en la vida diaria. Pero qué le vamos a hacer si somos como borregos y tenemos que comprarnos todos un Tomtom porque es lo que se lleva. Y así pasa, que se llenan las calles de gilipollas con sus Tomtones de los cojones, y el primero mi padre.

Digo yo que para qué coño se pone este hombre el Tomtom todos los días para ir de casa al trabajo. ¡¡Hombre, pero si llevas 15 años trabajando en la misma empresa!! ¿es que no te sabes el camino? ¡¡Venga ya!! ¿Y para volver a casa, qué me cuentas? Me parece absurdo y tremendamente gilipollas usar el GPS para trayectos que conoces más que de sobra, pero mi padre va mas lejos todavía y roza el colmo de los colmos.

Situación casi real, es decir, 99% realidad, 1% ficción: Mi padre, el GPS y yo, los tres en el coche camino a casa, con el larguero, o cualquier programa deportivo de radio sonando de fondo, y a bastante volumen porque el hombre anda un poco sordo.

-GPS: A 100 metros, gire a la derecha.
-Mi padre: Claro, le he puesto en ruta que me lleve a casa y me indica bien. Qué listo es.
-Yo: Listísimo – irónico total...
-GPS: Gire a la derecha.
-Yo: ¡¡Qué haces!! ¿Para qué te vas ahora por la izquierda?
-Mi padre: Pues para ver si lo hace bien ahora si yo me equivoco.
-GPS: Cuando pueda, de la vuelta
-Yo: Estás fatal...
-GPS: Cuando pueda, de la vuelta.
-Yo: otra vez... qué pesao, si ya le hemos oido.
-Mi padre: A ver... me voy a meter ahora por esta calle, verás como dice que siga de frente.
-Yo: No me jodas... déjate de gilipolleces y tira para casa, que me voy meando.
-GPS: Tome la próxima salida a la izquierda.
-Mi padre: ¡¡Anda!! Se ha equivocado.
-Yo: ¿A qué juegas? Coooooooooño, que vamos a tardar tres días en llegar a casa joder, y estamos a 200 metros!!!
-GPS: Siga 300 metros y en la rotonda tome la tercera salida.
-Mi padre: ¡¡Calla, que no le oigo!!
-Yo: Lo mismo si no le oyes te pierdes, no te jode! ¡¡Y baja la radio!!
-GPS: Tome la tercera salida.
-Mi padre: Calla joder, por tu culpa me he equivocado y me he metido en la segunda. ¡¡Es que no puede ser contigo!! ¡¡Y deja la radio!! ¿Para qué bajas el volumen?
-Yo: Pues para que oigas bien al Tomtom y no nos perdamos, no te jode! Vaaaaaaamos, que me meoooooooo.
-GPS: Manténgase a la izquierda.
-Mi padre: Uy, esto va mal ehhh, no me indica bien que por aquí no es – y en marcha va manipulando el GPS...
-Yo: ¡¡Pero suelta esooooooo!! Madre mia, nos matamos ehhh.
-GPS: ¡¡Calla coñoooooooo!! (ah no, ese no era el GPS, era mi padre... desvarío ya hasta contándolo...)
-GPS: Tome la primera salida a la derecha y después a la izquierda. – y seguidamente, emite un pitido.
-Mi padre: ¡anda! ¡No jodas que hay aquí un radar!
-Yo: Papa.. por favor... que estamos en un descampado!!!! Aquí lo único que hay son cardos, y no radares!
-GPS: Fin de trayecto.
-Yo: ¡¡ Y unos cojones!! Fin de trayecto dice, y estamos a la otra punta del pueblo!
-Mi padre: por tu culpa, ves? Ya no se a qué botón le he dado que ha cambiado la ruta.
-Yo: ¿Por mi culpa? Mira ehhh, que yo no estaba jugando al ratón y al gato con el GPS de los cojones. ¡¡que no se para qué coño lo pones para ir a casaaaa, que llevamos 20 años viviendo aquiiiiiiiiiiiii!
-Mi padre: ¡¡Que te calles!!
-Yo: ¡¡Que te calles tu joder!! Que llevamos media hora en el coche cuando estamos a 200 metros de casa, no me jodas! Para, que me bajo!
-Mi padre: ¡¡Estate quieta, cierra la puerta!!
-Yo: Si, no vaya a ser que se te constipe el Tomtom, no te jooooode. Que me bajo, que me estoy meando, y yo me voy andando.

Y esto tan sólo en un trayecto de escasos 5 kilómetros... vamos, de la gasolinera de mi pueblo a mi casa. No os quiero ni contar el viajecito que me ha dado toda la Semana Santa, encima con mi madre de copiloto... Si no fuera mi padre, lo hubiera estrangulado con el cable del Tomtom, jurao.

GPS? No, gracias. Que yo me apaño muy bien con la guía CAMPSA, que ni habla ni na.

NDA: Que me perdone mi padre por ser el protagonista absoluto de mis post peor hablados, pero es que me enciendeeeeeeeee. Está visto que mi padre con los cacharritos electrónicos no se lleva bien, y si no rebobinen ustedes y léanse las peripecias que pasamos con la antena aquella que se compró para ver doscientos mil canales y que para vuestra información ahí sigue muerta de risa sin funcionar (por mi culpa, según él... 100 latigazos me daré por no haber sido ingeniera de la NASA y no haber sabido ponerla en funcionamiento).
Y como hoy estoy de buen humor, pese a lo que acabo de contar y tener aun fresco el viaje de vuelta de ayer en el que casi llegamos a las manos, le dedico este post a Nacho, que sé que se reirá un montonazo y se acordará de su padre que también ha de ser un poquito cafre, como el mío; y a Pequeña, que sé que le gusta cuando cuento anécdotas de este tipo.

domingo, 23 de marzo de 2008

Contradicción

Me gusta andar descalza y no hacer ruido. Sentir el frío del suelo en mis pies, o la humedad de la tierra, la suavidad de la hierba.

Me gusta cuando a veces calzo tacones y suenan fuertes y firmes al andar, marcando el compás de mis pasos como un redoble fuerte de tambor anunciando mi llegada.

Me gusta reír hasta llorar, hasta que duele la tripa y los músculos de la cara. Reír con o sin motivo.

Me gusta llorar, tal vez llorar hasta reír. Dejar salir mis lágrimas, todas, cuantas más mejor. Vaciar mis lacrimales y mis penas dejando así desierto el espacio que ocupan.

Me gusta salir, viajar, no parar. Andar de aquí para allá, conocer sitios, tumbarme al sol o a la sombra y respirar el aire fresco y puro.

Me gusta encerrarme en la soledad de las paredes de mi cuarto. Tumbarme en la cama bajo la manta o sobre ella y no dejar que se cuele ni un rayo de luz del exterior, ni una chispa de aire que corrompa mi cueva secreta.


Me gusta la música, el bullicio...

Me gusta el silencio, su sonido...

Me gusta la compañía...

Me gusta estar sola...

A veces soy pura contradicción, o tal vez tan sencilla que parece justo lo contrario. Pero siempre la misma.

Sólo quiero que me abraces,

Pero no, hoy no...

Sólo quiero que me beses,

Pero no, hoy no...

Sólo quiero que me encuentres,

Pero no, hoy no...

Ven...

Pero no, hoy no...

Quizá mañana...

Quizá hoy...

miércoles, 19 de marzo de 2008

De sal y arena... Sirena

Lloró mares de espuma y agua salada. La marea mojó su cuerpo, bañó su piel y se filtró hacia el interior. Las goteras hicieron estragos en sus órganos internos y empaparon cada rincón. Mas un buen día salió el sol. La tormenta había terminado y la marea cesó dando paso a un mar calmado. Las nubes se despejaron y se alegró, pobre sirena... pensaba que todo había pasado, pues todo el mundo sabe que tras la tempestad llega la calma. Pobre sirena...
Los rayos del sol alcanzaron su piel cubriéndola de un agradable calor. La sal empezó a secarse en todos aquellos rincones que sus lágrimas habían mojado. Se secaron sus ojos, su sonrisa... se secaron sus labios y a través de la boca el calor pasó dentro. Endureció sus cuerdas vocales, selló sus oídos... y un desierto de sal dura y seca invadió poco a poco su ser hasta alcanzar el origen, el comienzo de todo: su corazón. Quedó petrificado, frío, seco...una roca.
El sol seguía brillando, y ella muda, ciega, sorda y sin un solo latir. Lo peor no había pasado cuando las nubes se abrieron y dejó de llover. Ahora era una sirena de sal, ahora no sentía, ahora no lloraba, ahora no reía. Ahora sólo existía.Y existió, por los siglos de los siglos, mientras el sol cada vez la secaba más y el viento la erosionaba. Tan sólo los días de lluvia, cuando la humedad se colaba entre las grietas de su cuerpo, alcanzaba a sentir esperanza. La esperanza de que algún día unas lágrimas dulces se derramaran por ella y tal vez rompieran su hechizo.

martes, 18 de marzo de 2008

Cosas de curro...

Suelo tirar bastante de empatía en cualquier situación que implique a más personas además de a mi. Si además le unimos que soy una blandengue – pero no se lo digáis a nadie – y que no sé decir a nada que no, pues resulta que al final todos se salen con la suya y suelo salir perdiendo.
Llevo esta forma de ser mía al curro, intentando facilitar el trabajo a mis compañeros y evitarles presiones... aunque eso a veces suponga no darle exactamente lo que quiere al cliente, sobre todo en cuanto a plazos de entrega. Eso si, siempre respondiendo. Soy de la opinión de que actuar así te trae más puntos a favor que en contra. Es como una cadena: si yo le facilito el trabajo al de Planning y no le presiono pidiéndole una fecha de entrega un poco justa, mañana si necesito que me adelante otro trabajo me deberá un favor, y lo hará. Si le retraso una fecha de entrega al de Almacén para que optimice portes, mañana si me corre prisa entregar otra referencia me hará el favor y me la “colará” delante de otro porte previsto. Es un hecho. No sé si con esta explicación quedará claro lo que quiero decir, pero puedo resumirlo diciendo que pienso que, aunque seamos de distintos departamentos, todos vamos en el mismo barco y debemos remar en la misma dirección. Incluso si puedo, remaré a ratos más fuerte que ellos, para que cuando yo esté cansada o no pueda, remen ellos por mí. No se trata de intereses, ni de eso de “favor con favor se paga”. Para mi es puro compañerismo.
Esto también lo uso con clientes y proveedores... es un “hoy por mi, mañana por ti”. Me gusta el trato suave, evitar las presiones... y normalmente por las buenas sueles sacar mejores condiciones que por las malas. Además, a mi eso de ir por las malas jamás se me dio bien, y me cuesta ponerme en esa tesitura.
Si todos fuéramos un poquito así, creo que el trabajo sería más fácil, más efectivo, y hasta más divertido, porque nos evitaría muchos problemas. Pero no todos somos así. De hecho, creo que en mi departamento soy la única que tiene esa forma de trabajar, por lo que compañeros, clientes y proveedores no están acostumbrados a que alguien del departamento Comercial trabaje de esta forma. Tanto así que hoy me ha sorprendido un comentario de uno de nuestros manipuladores-proveedores.
Le he llamado, reclamándole un trabajo que debería haberme entregado la semana pasada y que aún estoy esperando. La conversación ha sido la siguiente:

- Oye Pili, ¿qué pasa con los Tótem?
- ¿Qué Tótem?
- Joder Pili, cómo que qué Tótem! Que te dije que los tenía que tener la semana pasada, me pusiste pegas porque estabas muy agobiada y pude retrasar la entrega con el cliente hasta mañana, con la condición de que me los tuvieras aquí como mucho hoy.
- Ya... pero....
- Joder Piliiiiiiiiii, que llevamos con este pedido un mes tía.
- Ya, pero es que de tu departamento me están pasando más pedidos y no saco tiempo para los Tótem.
- Pili, no me digas eso, porque mis pedidos también son trabajo ehh, y están de antes que los otros, no me jodas...
- Ya... pero es que como tu no eres como las otras (refiriéndose a mis compañeras de departamento)
- ¿Cómo que no soy como las otras? ¿A qué te refieres? – no entendía a qué se refería, porque a diferencia de mis compañeras, además del trabajo comercial hago tareas de recepción y centralita, y pensé que se refería a eso...
- Si Patri, que tu no me das voces ni te cabreas, ni me presionas para que tenga las cosas ya. Tu eres más maja.
- Coño Pili, ¿cómo me dices eso? ¿Me estás diciendo que soy más maja, y que como no te grito ni te presiono me trabajas peor que a las demás? ¡¡Venga coño Pili!! ¿Es que tengo que tratarte como ellas? ¿Eso quieres?
- Nooooo, para nada.
- ¿Entonces?
- Va, venga, mañana a primera hora los tienes allí.
- Gracias.
- De nada, maja.

Tiene cojones la cosa. Yo toda la vida pensando que se trabaja mejor sin presiones y que si te tratan bien respondes mejor que si te tratan mal, y por lo que veo aún queda gente que funciona mejor cuando las cosas son a voces y con exigencias. Y encima tiene la cara dura de decirme que como yo soy más maja... ¡¡coño, pues como soy mas maja cúrratelo conmigo como yo me lo curro contigo joer!!

Al final tendré que pasarme al plan B y ser una puta borde y pedir las cosas por cojones… se ve que sólo así se funciona.

lunes, 17 de marzo de 2008

Con los ojos abiertos

Me he dado cuenta de que ya nunca cierro los ojos... siempre abiertos, siempre alerta, buscando en sus ojos lo que nunca encuentro, observando cada gesto. Registro sus sonrisas, su miradas... siempre abiertos mientras les beso o me dejo besar.

Y me limito a sentir el placer físico, a entregarme a sus manos, sus labios, su sexo. Vacío mi mente de todo sentimiento y sólo queda cuerpo y deseo... y mis ojos abiertos.
A veces no pienso... casi nunca pienso. Sólo actúo y disfruto, y hago disfrutar. Me aplico en mi tarea tanto como ellos en la suya... pero siempre abiertos, siempre vacíos.
No me cuesta abandonarme a su antojo y al mío... pero a veces... a veces el vacío me cala más dentro y abro más los ojos, y entonces le veo, y no es lo que quiero. Ni él ni los otros que igual que él pasan por mis brazos y mi cuerpo sin rozar mi alma. Ninguno de ellos son quien quiero que sean.

Y mis ojos abiertos lo ven... y yo no los cierro. Porque si los cierro puedo equivocarme y soñar... porque si los cierro puedo creer que es él y no quiero. No quiero soñarle ni imaginarle mientras otro me toca.

Quisiera poder un día cerrar los ojos, saber que aunque los cierre estará ahí, saber que es él sólo con el roce de sus labios sin necesidad de mirarle. Saber de su deseo sólo sintiendo la leve caricia de su aliento en mi piel. Con los ojos cerrados... sentir como no sólo mi cuerpo lo siente, sino que toca mas allá de lo físico... y cerrarlos.

No sé si algún día lo haré. Tal vez lo haga después de haberle encontrado, después de haberle besado con los ojos abiertos y haber sentido que es quien buscaba.

Ya no los cierro nunca... siempre abiertos...

“...y mi corazón badea a popa, no se dónde está mi ropa... la habré perdido junto al miedo...”
“...y hace ya tiempo que vivo al día, que no me bajo en ninguna estación, y no me importa partirme la cara por una mirada, por un corazón... y si hace falta me juego la vida, me juego la muerte que es mucho mejor...”

miércoles, 12 de marzo de 2008

Zahir

Un zahir es algo que no puedes olvidar ni por un instante, algo que empieza siendo aparentemente irrelevante pero que termina por llenarte la vida todo el tiempo, porque no eres capaz de dejar de pensar en eso, y todo lo demás desaparece.

Últimamente pienso en ti cada mañana y no sé por qué. De camino al trabajo, cuando la noche empieza a pintarse de día, embutida en mi chaqueta, calefacción a tope, pero ventanilla abierta, respirando el amanecer... Soy rara, lo sé. Tan rara que al llegar al puente cambio de cd y busco la pista 4, y mientras me enciendo un cigarro subo el volumen a 43. Ya empiezan los acordes de aquél tema que bailamos una vez, y te veo frente a mí, donde jamás estuviste. No veo ya esa larga hilera de coches que tengo delante, en punto muerto, bajando el puente poquito a poco, a 20... y mi coche se desliza hasta llegar al centro mismo de ese puente que separa tu vida de la mía. Debajo fluyen más coches, lentos, parados... luces rojas y blancas, de los que van y los que vienen... El humo se escapa de mi cigarro y de mi boca... pero tu no te escapas. Sigues ahí y siento tu abrazo al son de esas letras que susurraste a mi oído, ese que jamás tuviste cerca de tu boca. Y me dejo ir, como dice la canción... y pienso en si tu pensarás alguna vez en mi, como yo lo hago ahora... como yo hago cada mañana al llegar al puente, y no se por qué pongo (nuestra) esa canción... como yo hago cada vez que la escucho o que sopla el viento. Y se acaba, y la vuelvo a poner, y a veces el aire sopla por mi ventana y refresca mis ojos que queman, de sueño si, pero también de rabia por lo que no fue. Otras veces el viento acaricia mi pelo y pienso en si serás tu quien sople.

Bajo el puente y se acaba... se acaba todo, ya no suena U2, se ha apagado mi cigarro, y el viento ya no sopla suave porque subí la ventanilla. Y ya no estás, ni rastro de ti donde nunca lo hubo. Vuelvo a la realidad, a la rutina vital que me envuelve y me hace olvidarte...no... tal vez no recordarte, pero nunca olvidarte. Se acaban esos momentos en los que eres mi zahir, uno de tantos... a penas unos minutos cada mañana, de lunes a viernes... lo eres, eres mi zahir ¡¡ y no sé por qué!! Me invades al llegar al puente... y no sé por qué... y el mundo se acaba y sólo tu y yo, y la canción... ¡¡y no sé por qué!!... y el viento me sopla... y no sé por qué... Me gusta imaginar que es tu señal... que tú también, a veces, piensas en mi... pero no sé por qué.

Dando señales...

Hoooooooooola.

Vengo a dar señales de vida, nada más. Una semana sin actualizar, lo sé... y aunque sé que quizá a nadie le importe, a mi sí. Y entonces me explico a mí misma el por qué de mi ausencia.

Inspiración no viene a verme, pero es que le llamé y le dije que no volviera... por un tiempo, sólo por un tiempo. Y es que me ocupan otras cosas y no me sale de dentro prestarle atención... y escribir por escribir nunca me gustó.

Y no es que no me pasen cosas o que esté mal... que va. Estoy genial y estos días me ha pasado alguna cosa digna de contar, pero con una banda en los ojos que proteja mi anonimato jajaja porque vaya tela... mejor no dar pistas, no vaya a ser que alguien me viera en un cine... ups, ya estoy dando pistas jajajaja.

En fin... que me he dado una vuelta por mis blogs prefes y resulta que la mitad o han cerrado o se están dando un tiempo. Veo que Inspiración se fue de vacaciones y nos dejó a todos un poco empantanados... así que mal de muchos....

Pues eso, que todo bien, viviendo la vida, o living la vida loca, como gusten.

Y como no tengo nada más que decir por ahora, me limitaré a cederles la banda sonora de mis últimos días, para que la usen a su antojo.

Carlos Chaouen – disco “”Tótem”. Mención especial a los temas “Amor con cebolla”, “Semilla en la tierra”, “Te quiero a bocajarro”, “El faro del paraíso”, “La vida amurallada”... y paro porque si no pongo todas las canciones del cd, y no es plan.

“...Y cada uno en su camino va cantando, espantando sus penas. Y cada cual en su destino va llenando de soles sus venas. Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón, tirando piedras contra la última frontera, la que separa el mar del cielo, el color de tus maneras, la que me lleva a la guerra, a ser semilla en la tierra... Y no me pidas tanto corazón, que tengo poco aire en el pulmón... lo que tengo es un castillo en el cielo. Si viene la guadaña a mi rincón enjuágame la frente en tu sudor y le das un beso a todo si me muero... y le das un beso a todo si me muero...”

martes, 4 de marzo de 2008

5 de marzo ;)

El día de tu cumpleaños – al menos en mi caso, y en el de muchos más, lo se – es un día como cualquier otro, sólo que en esa fecha hace años que naciste y por eso la gente te felicita (si se acuerda). Normalmente no tiene nada de especial y te sientes igual que el día anterior con un año menos. Pero a mi me gusta hacer especial ese día a los que quiero. No el día de mi cumpleaños, sino del suyo.

Mañana 5 de marzo es el cumpleaños de dos de las personas que más quiero. Una es mis tierra, mi sangre… mi madre. Y la otra es parte de mis risas, de mis llantos, la mano y el hombro que siempre está… mi mejor amigo, Nacho. Los dos forman parte de mi vida y de mi corazón.

A mi madre la tengo cerca, conmigo, y mañana celebraremos juntas su día. Pero a Nacho no lo tengo a mi vera. Estás lejos Igancito, y no puedo tirarte de las orejas, ni darte un achuchón, ni darte muchos besos (ni pellizcarte los mofletes jajajaja). Sí que podré cantarte cumpleaños feliz y oír cómo te ríes de mi, cabronazo… peeeeeeero como no me parece suficiente y no me dejas otra opción, te tendré que montar el espectáculo aquí :P

Te iba a decir que me debes un café con un trozo de tarta de queso, pero no lo haré porque ya lo sabes. Te iba a decir que deseo que cumplas muchos más (y que yo lo vea), pero no lo haré porque ya lo sabes. Te iba a decir que me gustaría verte y celebrarlo contigo, pero no lo haré porque ya lo sabes…

Lo que si te voy a decir es que eres un huevo de viejo jajajajaja ¡¡¡32!!! Que estás muy mal para la edad que tienes, echaíto a perder jajajajajaaaaaaaaaa que más te vale que te regalen para tu cumple unas anti arrugas y unas cremitas de noche, al menos para la cara… lo demás sabemos que no tiene solución, que la tontuna es crónica! Pero aun así… aun así no te cambio por nada del mundo. Te quiero así, aunque me saques de quicio y te odie a diario, aunque me den ganas de escacharte la cabeza día si y día también, aunque no te entienda a veces y me den ganas de matarte, aunque me pases la cabeza con tus movidas, aunque no me pagues las horas que te hago de psicóloga, y un largo etcétera de cosas que sé que estarás pensando que tú también haces por mi y que yo te provoco… ¡¡cuántas veces me hubieras abofeteado!! ¡¡cuántas te agobiaré con mis historias para no dormir!! ¡¡cuántas veces soportarás mis provocaciones para sacarte de tus casillas adrede!! ¡¡ cuántas veces aguantarás mis días raros!!

Esta vez no habrá 32 mails en tu correo, ni 32 claveles blancos en tu casa (por cabezón y no fiarte de mi jajajaja). Esta vez te felicito aquí, así, unas horas antes de que toquen las doce y comience tu día.

Te quiero mucho Nacho.





PD: Te juro que este año quería salir de la tarta y darte una sorpresa... pero el modelito no me convencía, no me queda demasiado bien (adjunto foto que lo demuestra)



domingo, 2 de marzo de 2008

A veces sueño... y escribo...

Cuando la noche caiga y el sol se haya ido,
cuando mis ojos te alumbren
y el temblor de tus manos se haya dormido,
entonces, sólo entonces me acercaré a ti.
Te cantaré palabras dulces al oído,
te envolveré con caricias delicadas,
despertaré tus sentidos.
Y cuando suenen los primeros acordes del alba
seguiré ahí, a tu lado, contigo,
y tu estarás conmigo.
Envolverás la mañana con un lazo rojo
y querrás regalármela.
Y yo, con la tinta de mis labios
pintaré un amanecer en tu ombligo.

viernes, 29 de febrero de 2008

La Pitón

Tengo un compañero, que a su vez tiene una hija, que a su vez tiene un amigo, que a su vez tiene (o tenía) una serpiente pitón (ya hemos llegado a donde íbamos). Sí, lo que oyen – leen. Como quien tiene un perro o un hámster, este buen hombre tenía una pedazo de serpiente pitón en su casa, suelta, sin correa ni bozal ni bolita de plástico en la que dar vueltas. Desconozco si la serpiente le llevaba las zapatillas con la boca, si saltaba juguetona ante el plato de comida o si le traía el hueso a su amo cuando éste se lo tiraba. Lo que sí sé es que por lo visto dormía enroscada a los pies de su dueño, en la cama, como un lindo gatito.

Hace unos meses el muchachito empezó a preocuparse, porque la señora pitón comía menos de lo habitual y tenía algunos trastornos alimenticios, así que la llevó ... no, al endocrino no. En qué estaría yo pensando... La llevó al veterinario, para ver a qué era debida su desgana. Vaya por dios, a ver si se ha vuelto anoréxica –pensó el chaval. Claro, la pobre pitón, venga a ver en la tele y en la Vogue que su piel está de moda para hacer bolsos, zapatos y cinturones, pensaría que cuanto más delgada, menos piel, por tanto menos posibilidades de morir a cuchillo y abierta en canal para luego ser llevada a los pies, manos o cadera de alguna “animala” de otra raza... de alguna raposa o zorra por ejemplo.

Al tema, que me pierdo. El caso es que llevó a señora pitón al veterinario y éste le hizo un examen exhaustivo. Diagnóstico: mandíbula desencajada. Pobre – pensó nuestro amigo el animalero – con razón no come... ¿Y ahora qué, una escayola? ¿Una operación maxilofacial? Y lo más importante ¿a qué es debido su problema en la mandíbula?

Si no conociera el final de la historia y los verdaderos motivos del problema de mandíbula de la pitón, me pondría a conjeturar a cerca de las razones del mal que afecta a la bicha, y probablemente diría cosas tan dispares como que realmente la serpiente le lleva las zapatillas a su amo, que calzará con toda seguridad un 45 esparramao y usa botas con punta de acero... o me preguntaría si es que el amigo además de animalero practica la zoofilia... y en este caso qué tamaña medida de miembro ha de tener para desencajarle la mandíbula a una pitón. Pero la realidad a veces supera a la ficción, y aunque mis ideas a cerca de las causas del problema parezcan descabelladas, desde luego la verdadera realidad es mucho más increíble y sorprendente.

En esas estaba el amigo animalero, preguntándose sobre los motivos y las posibles soluciones al problema de su querida amiguita, cuando el veterinario le sacó de sus pensamientos y le hizo una pregunta. “¿Usted ha notado alguna otra actitud rara del animal?” En el tono y la mirada del médico de animales se notaba que la pregunta tenía trama.... Pensando y pensando, el animalero calló en la cuenta de un pequeño detalle que comenzó a suceder mas o menos a la vez que la falta de apetito de la pitón, detalle al que no había dado importancia en absoluto ya que le parecía gracioso, pero se lo comentó: Desde hacía unas semanas su amiguita no dormía enroscada a sus pies, sino que se estiraba a lo largo en la cama, en paralelo a su cuerpo, junto a él.

- Le aconsejo que, o bien meta a la pitón en un terrario que es donde debiera estar, o que se deshaga de ella.
- ¿Cómo? Pero...¿por qué? ¿es que no tiene solución? Ayyy... mi pitón...
- Si, si tiene solución... pero el que puede que no la tenga es usted si no hace alguna de esas dos cosas.
- ¿Qué?

Pues bien... que la serpiente pitón tuviera la mandíbula desencajada no era por llevarle a este buen hombre sus zapatillas, ni por hacerle “limpiezas de sable”, ni por un golpe o caída... la buena señora pitón se lo estaba provocando a sí misma, preparándose para ingerir algo de gran tamaño. Por eso tampoco comía tanto... reservaba su apetito para el gran postre. ¿Y cual era el postre? Adivinen por qué dormía estirada junto a su dueño.... ¡¡ le estaba tomando medidas !!

Desconozco lo que hizo finalmente este hombre con su compañera de cama, pero en vistas de que no he leído en los periódicos ninguna noticia tipo “hombre engullido por una serpiente pitón” prefiero suponer que en el mejor de los casos ha metido a su amiga en un terrario... y desde luego, si finalmente se deshizo de ella, no quiero ni imaginar cómo lo hizo... por si acaso levantaré la tapa del Wc y miraré antes de sentarme a hacer pipi, no vaya a asomar por ahí la muy....

Moraleja: vigila bien a quien duerma estirado a tu lado, ¡y vigila tu Wc!

miércoles, 27 de febrero de 2008

Los caminos del Señor son inescrutables

“Los caminos del Señor son inescrutables”… Pues oiga oiga, que los de la Señorita – aquí presente – también lo son.

Y resulta que justo cuando iba a emprender el viaje por el camino elegido, me di cuenta de que había un tercer sendero en el que no había reparado, pero del que sí había oído hablar. Y no sólo eso, sino que hacía tiempo que quería recorrerlo.
Ante mí una tercera opción. El 3 siempre fue uno de mis números así que… adivinen qué camino escogí. Al hacerlo, di la espalda a los otros dos. No sé si podré tener de nuevo la oportunidad de recorrerlos… tal vez no. Pero siempre he sido y seré consecuente con mis actos y mis elecciones, y tengo muy claro que hoy –ahora- mi camino ha de ser el 3. ¡¡Es mi oportunidad!!

¡¡Al ataque!!

lunes, 25 de febrero de 2008

Cruce de caminos

La vida es un continuo cruce de caminos. Hace tiempo que me percaté de ello y no me parecía del todo mal, porque tener la posibilidad de elegir entre las vías que se te ofrecen nos hace libres. A mi personalmente todo esto me da la posibilidad de complicarme la vida un poco más eligiendo siempre los caminos más difíciles. Si, debo ser algo estúpida, porque en lugar de escoger los caminos rápidos, cortos y sencillos yo siempre opto por los complicados. ¿El por qué? Pues ni yo lo se.

Quizá sea porque siempre me gustaron los retos... tal vez porque pienso que lo fácil no siempre es lo mejor. Y cuantas más voces se levantan y me gritan que escoja la vía rápida, más me empeño en coger el camino campo a través montaña arriba. Aun sabiendo que tropezaré con mil piedras, que el barro me hará resbalar y podré caer colina abajo, que me ahogaré en el esfuerzo por llegar a la cumbre... Pero también se que si llego arriba será una gran satisfacción, que tomaré aire a pleno pulmón y seré feliz.

Puede ser que me canse a mitad de camino y de la vuelta... puede ser que incluso desfallezca en el intento. Pero si consigo conquistar la cima será todo un regalo, un gran premio. ¿Merecerá entonces la pena el esfuerzo? Seguro que si.

Estoy ante el cruce y ya he elegido qué camino tomar. Veremos qué me depara.

Diario de viaje: Día 1.
Anudo mis botas de montaña concienzudamente, quiero que mis pasos sean firmes. Reviso mi mochila, no puede faltar nada; toda precaución es poca. Compruebo que la cuerda guía que me sostiene sigue firme. Sé que al otro lado estará alguien sujetándola y que si algo va mal tirará de mi para traerme de vuelta al inicio y cambiar de camino. Tengo miedo, si, lo reconozco. Lo desconocido siempre asusta. Pero el miedo no me paraliza, sino que hace elevar mi adrenalina y me empuja hacia delante.

Esta noche me adentraré en el camino.

viernes, 22 de febrero de 2008

Cosas bonitas

- ¿Por qué dices eso?
- Porque es cierto.
- No lo es. ¿Cómo puedes decir que nunca has vivido algo bonito?
- Pues porque nunca lo he vivido.
- Qué mala memoria tienes...
- Si tú lo dices.
- Claro que lo digo yo.
- Ya habló la lista.
- No, la lista eres tú, que te acuerdas de lo que quieres. Memoria selectiva se llama.

“Hacía frío aquella tarde. Era invierno y Madrid se había vestido de ceniza y luz para recibirnos. Paseamos por sus calles, tranquilos, despiertos... atentos a cada movimiento del otro. A veces sentíamos frío y casi sin querer nos acercábamos más. Hablamos, reímos, callamos... La noche nos fue envolviendo y el silencio se hizo un tanto incómodo en aquel banco donde nos sentamos a descansar. A nuestro lado unos novios se besaban. Los observé de reojo, deseando ser ella... y después te miré. Tú, esquivo, bajaste la mirada y balbuceaste un par de palabras en un intento absurdo de romper el silencio. Días después me confesaste que también deseabas besarme, pero en aquél momento te faltó valor.

El frío de aquella tarde gris de invierno no daba tregua, y pronto buscamos cobijo en un bar. Cenamos, uno frente al otro, con las manos sobre la mesa, siempre cerca, muy cerca. Nos buscábamos los ojos... y después, como si las miradas quemaran, bajábamos la vista hacia el vaso de vino, intentando ahogar en él la nube de pensamientos y sensaciones que nos invadían. Entonces llegaba de nuevo el silencio, que en realidad lo decía todo.

Al salir del bar pusiste tu mano en mi cintura, y no quise que la apartaras nunca. Pero lo hiciste. Caminamos de nuevo juntos, muy cerca, camino de la boca del metro. Te reías de mis ocurrencias y yo disfrutaba con ello. Siempre me gustó especialmente la cara que ponías cuando sonreías, la forma en que se ensanchaba tu mirada.

Había sido una noche casi perfecta... o tal vez fue perfecta del todo. Sería por eso que cuando el vagón comenzó el camino de vuelta a casa yo me quedé muda. A pesar de que el metro iba casi vacío, nos quedamos de pie, junto a la puerta. Apoyé mi cabeza en el cristal y cerré los ojos... me daba miedo mirarte. Me preguntaste si estaba bien y te dije que sí, que sólo un poco cansada. Pero en realidad estaba luchando conmigo misma. Deseaba con todas mis fuerzas que aquél vagón se parara y con él, el tiempo. Deseé que alguna fuerza extraña lo hiciera parar, frenar en seco y que la inercia me llevara a tus brazos. Deseé que me miraras... y lo hiciste, pero yo no me atrevía a comprobarlo... De nuevo, días después, me confesaste que tú también quisiste parar el tiempo, que yo te mirara... me dijiste que en aquellos momentos buscaste mis ojos para leerlos y que no los encontraste.

El trayecto se hizo eterno, igual que el tiempo que estuvimos en mi coche, con la calefacción a tope para deshelar las lunas, que empañadas y llenas de escarcha nos protegían de las miradas ajenas. También ahí quise besarte y no lo hice. Estabas nervioso, lo noté, pero no supe interpretar que tus nervios eran porque tú deseabas lo mismo que yo.

Al final nos besamos, en las mejillas... dos besos de despedida, como otro día cualquiera. Pero no había sido una noche cualquiera. Me contaste después que aquella noche a penas pudiste dormir, que soñaste despierto con las horas que pasaste conmigo, imaginando que habíamos paseado de la mano, que sí me habías besado en el parque, en el metro, en el coche... Yo sí que dormí. Al llegar a casa también recordé cada momento y de la misma forma que tu imaginé cómo hubiera sido si en lugar de ser dos amigos paseando hubiéramos sido algo más. Y tomé la decisión de decirte al día siguiente todo lo que había sentido.

Lo hice, te conté todo esto que cuento ahora, con tantísimo miedo en el cuerpo que temblaba, pero tú no lo viste porque no estábamos cara a cara. Mi miedo se convirtió en deseo y urgencia cuando me dijiste que tú habías sentido lo mismo y quise salir corriendo a buscarte para darte lo que no te había dado la noche anterior. Pero tuve que esperar dos noches más para tener tus labios, dos noches más para tocarte y sentirte, para olerte, para tenerte. Dos noches que se esfumaron cuando abriste la puerta aquella mañana y por primera vez nos besamos, sin decir nada. Dos noches más para sentir tu mano sobre la mía, para tener tus ojos muy cerca... tan cerca que vi lo que había dentro sin temer lo que vendría después. Dos noches más para acabar en tu cama enredada entre tus sábanas y tu piel.

Muchas más noches hicieron falta después para olvidarte. Pero en ninguna de ellas pude perder el recuerdo de aquellas dos citas.”


- Tienes razón... sí que he vivido cosas bonitas.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Satisfaction!!!!

Cómo puede cambiar tu vida – en este caso, tu situación laboral - en poco más de año y medio... no era tan consciente de ello como lo soy hoy después de meditar sobre la reunión que tuve esta mañana.

A eso de las 12 me ha llamado mi Jefa de Departamento y me ha dicho que me daba tres minutos para estar en el despacho del Director Gerente. “Nos vamos a reunir los tres”, así, sin más explicación. Reconozco que me he puesto nerviosa y como siempre mi cabeza ha entrado en ebullición. Hervían mis ideas, y de sus vapores se desprendía “será porque me van a hacer indefinida, justo hoy que cumplo un año aquí”... “será que me han pillado entrando en internet y me va a caer la bulla del siglo”... “será que me van a denegar las vacaciones en las fechas que yo he pedido”...”será que han descubierto mi blog y no les ha gustado ver que he contado cosas como mi relación con la Perra Vieja, el simulacro de incendio que hicimos, o cuando nos quedamos encerrados en el ascensor”... “será que... será que...”. Pero cuando subía en el ascensor se ha evaporado la última idea, ha chocado con el techo y ha bajado goteando por el espejo... y la he visto, frente a frente, y he sabido para qué me llamaban. Mi intuición no ha fallado.

No es un ascenso, pero para mí es como si lo fuera (de hecho puede ser la puerta o el paso para subir un escalón más). Desde hace meses colaboro con otro departamento que no es del que formo parte, y con el que guardo muy buena relación – mejor incluso que con el mío –, y la persona encargada de ese otro departamento se ha quedado embarazada. Cuando de a luz estará al menos 4 meses de baja y habrá que suplirla. Querían saber si yo estaría dispuesta, porque ellos quieren que sea yo, pero debían consultarme si yo estoy de acuerdo. Evidentemente, y por muchísimas razones, mi respuesta ha sido afirmativa. Sé que esto implicará más responsabilidad, más carga de trabajo y, por desgracia, enfrentamientos de tipo laboral con los compañeros. Pero también sé que a medio-largo plazo puede suponer un cambio definitivo de departamento y todo lo que eso conlleva... como por ejemplo: desvincularme totalmente de la perra vieja y su chupa culos (es más, quedaría por encima de ellas...jur jur jur), eliminar un eslabón de la jerarquía superior a mi (ya no dependería de mi jefa actual... de hecho durante la suplencia sólo tendría por encima al gerente... y eso es un poquito acojonante, pero a la vez satisfactorio), etc... y todo esto sin mencionar las mejoras económicas a las que se vería afectado mi bolsillo.

No todo será miel sobre hojuelas... soy consciente de que se avecinan meses duros... primero tendré que aprender muchas cosas que aún no sé, habrá un periodo de aprendizaje que se solapará con mi trabajo habitual y teniendo en cuenta que ya ando bastante justa de tiempo, sé que me voy a estresar.

Pero bueno, no adelantemos acontecimientos... aún quedan semanas y reuniones de por medio para ver cómo organizamos todo este jaleo.

Por lo pronto, ya me he quedado sin las vacaciones que había pedido en septiembre... justo en ese mes está previsto que mi compañera de a luz, así que tengo que consumir mis vacaciones antes. Pero no hay mal que por bien no venga... y es que por otro lado me han propuesto recientemente un viaje al extranjero que durará entre 3 y 4 semanas y que no iba a poder hacer... pero ahora que tengo que adelantar mis vacaciones probablemente pediré que me las den juntas para poder hacerlo.


Hace exactamente un año y medio presenté mi carta de baja voluntaria a la jefa más tirana, egoísta, hija de puta y soberbia que he tenido y tendré en mi vida. Trabajé durante 2 años para esa persona, soportando unas condiciones laborales pésimas y un trato personal que rozaba lo vejatorio. Jamás pensé que a la vuelta de un año y medio - ¡¡tan solo un año y medio!! – estaría como estoy ahora en cuanto a lo laboral. Por eso hoy si, si puedo decirlo en voz alta: estoy muy satisfecha.

Que suenen los Rolling!!! Mick Jagger decía que no podía tener satisfacción, pero yo si!

Des---Variando

Hay veces que confundo las palabras.
Se elevan, distorsionan sus formas, y vuelven a caer haciéndo resonar sus ecos, que son muy distintos a lo que en verdad sale de las bocas.
Hay veces que vivo en otra realidad.
Mis sentidos se vuelven selectivos, manipuladores, y huelo, veo, oigo, saboreo y siento lo que me da la gana.
Creo que soy yo, que lo transformo todo por culpa de mi esquizofrenia paranoide, mi enajenación mental transitoria y mis trastornos de personalidad bipolar.

Vale, estoy loca, lo reconozco. Mentira. No, no estoy loca. Los locos son el resto, sois vosotros... todos.

- ¿Y tú con quién hablas?
- Contigo.
- Si soy sorda.
- ¿Y qué? Y yo muda.
- Entonces, ¿cómo nos estamos comunicando?
- Con la mente.
- Qué bien, así no nos manipularán los sentidos.
- Pues tienes razón.
- Claro que tengo razón, porque soy La Razón, Tu Razón.
- ¡¡Anda coño!!
- Que no, que soy tu razón, no tu coño.
- Eso, eso. Pues encantada eh.
- Lo mismo digo. ¿Y tu quien eres?
- Yo soy Papa Noel.
- Si, no?
- Anda pues claro, ¿no ves mis barbas?
- Si, y tus tetas. Tu no eres Papa Noel, tu eres la mujer barbuda.
- Oye oye, sin pasarse.
- No, si no he llegado.
- ¿A dónde?
- A donde iba.
- Pues bueno, sigue tu camino.
- Que va, ahora prefiero esperar.
- ¿A qué?
- A que den las diez.
- Aun son menos cuarto.
- Pues ya llego tarde.
- Pues corre.
- No, que me canso.
- Venga, pues sube, que te llevo.
- Arre arre.
- Ehhh, pero sin tirar del pelo.
- Perdona, fué sin querer queriendo.
- Ya hemos llegado.
- ¿Cuánto te debo?
- Invita la casa.
- Pues muchas gracias, ponme otra ronda.
- Marchando.
- Si acabamos de llegar.
- Pues es verdad... entonces me voy.
- Pues hasta la vista.
- No, si me voy contigo.
- ¿Y eso?
- Es que soy tu sombra.
- ¿Pero no eras Mi Razón? Ah no, que eras la mujer barbuda.
- No, yo soy tu.
- ¿Y tu eres yo?
- Pues si.
- ¿Y quién es más tonta de las dos?
- Yo - ¡¡ Tú !!
- Tu - ¡¡ Yo !!
- Estamos apañás...

lunes, 18 de febrero de 2008

En ocasiones veo...¡¡clones!!

Físicamente no me parezco a mis padres, ni a mi hermana. Como mucho tengo algún rasgo de mis abuelos o incluso de parientes lejanos, pero poca cosa. De ahí que me resulte curioso y hasta gracioso cuando me pasan cosas como la de este fin de semana.

Estaba yo en una terracita al solecillo, tomando unas cañitas con limón, en un pueblo costero de Alicante. Cuando la camarera vino a tomar nota se dirigió a mi, cosa que no me extrañó porque me suele pasar, no se si porque tengo cara de ser amable – supongo – o porque enseguida tomo las riendas para pedir. Tras un par de rondas me levanté a pagar a la barra y entonces ocurrió…

Un hombre de unos cincuenta años, no más, estaba solo, tomándose un tercio y charlando con la camarera. Me acerqué a ellos para pedir la cuenta y noté como el caballero giraba la vista en mi dirección. Primero supuse que miraba al televisor, que quedaba justo a mi espalda… pero tengo vista panorámica y pronto me percaté de que no miraba a la tele, sino a mi. Mi cabeza empezó a funcionar… “ya he ligao!” pensé medio en coña. Pero mientras la chica calculaba lo que le debía, el hombre seguía clavándome su mirada. Me observaba fijamente y de forma descarada, tanto así que me llegó a incomodar. De pronto no pudo más y me agarró por el brazo obligándome a girar y ponerme frente a frente. Sus ojos se clavaron en los míos y no decía nada. El tiempo se paró y se hizo incómodo. Su mirada me interrogaba y yo no sabía por qué. Así que – un tanto irónica – le pregunté:

- Qué, ¿me conoce?
- Discúlpame, pero no te lo vas a creer – dijo, y a juzgar por su cara no se si estaba medio en trance o alucinado total.
- ¿Pero es que me conoce? – yo ya no sabía qué pensar. Mis ideas fluían y desvariaban intentando descifrar por qué aquél hombre me miraba así y qué era lo que yo no me iba a creer.
- Si no llegas a hablar hubiera jurado que…
- ¿Qué?
- Eres igualita que mi sobrina. Sólo cambia la voz y la forma de hablar. ¿Tu no eres de por aquí, verdad?
- Pues va a ser que no – dije ya más relajada – y que yo sepa no tengo familia en Alicante.
- Pues te juro que eres igual igual que mi sobrina, es que llevas hasta el pelo igual. ¿Verdad Ana? – le dijo a la camarera.
- Es que yo pensaba que era ella cuando les serví la mesa.
- En serio, dos gotas de agua.
- Vaya, así que tengo una doble en Alicante ¡y yo sin saberlo!

Me dio la risa. Pagué, me despedí de “mi tío” y salí de allí deseando encontrarme a mi doble alicantina por las calles de aquél pueblo… pero no hubo suerte.

Es la primera vez que me pasa algo así en directo, pero no es la única vez que alguien me dice que me ha visto en algún lugar donde no he estado.

Mi amigo Nacho vive en Pamplona, y ya son más de dos las veces que me ha dicho que me ha visto en la calle, que se ha cruzado con una chica igualita que yo y que de hecho ha estado a punto de hablarle pensando que me había dado la vena y había subido a verle. No he estado nunca en esa ciudad y no tengo familia allí, con lo cual ni era yo ni una prima lejana que se me pareciese.

Hace tres años – o cuatro – me fui en Semana Santa a Cuenca, a ver por primera vez la procesión de los turbos. Llegamos a la ciudad encantada a eso de las doce de la noche, derechitos a tomarnos un café hirviendo para paliar el frío que hacía. Digo lo del café para que conste en acta que no había bebido alcohol – ni tomado drogas – cuando vi con mis propios ojos mi cara en un cartel. Caminábamos calle arriba dos amigos y yo, cuando pasamos al lado de una marquesina de autobuses con una foto enorme donde se veía la famosa procesión, cientos de personas vestidas de turbos. La imagen era del año anterior. Al pasar, mi carácter observador hizo que me percatara de algo extraño en la foto, pero pasé de largo… hasta que uno de los amigos que me acompañaban me paró.

-¿Has visto eso? – sorprendidísimo.
- Creo que si… - sabía exactamente a qué se refería. Yo había visto lo mismo pero me pareció una alucinación.
- Pero tía, ¡que eres tú!
- No puedo ser yo, puesto que es la primera vez que vengo… y esa persona va vestida de turbo y yo jamás me he vestido así.
- Joder Patri, ¡pues es que eres tú!
- Alucino… si no supiera que yo no he estado jamás aquí, yo misma diría que soy yo.
- ¡¡ Tienes una doble en Cuenca!!

Tendré que decirle a Jesús que también tengo una en Alicante, Pamplona… y en algún pueblo de Madrid cercano a Alcalá de Henares… que ésta también fue graciosa.

Me presenta una compañera de curso a su marido y el tío me saluda de lo más familiar. Me extrañan las confianzas, pero le sigo el rollo. Al rato empieza a hablar de trabajo y me dice:

- ¿Te acuerdas del día aquél que llovía tanto y patinaban los palets en la rampa?
- ¿Perdón?
- Si joder, iba yo a cargar un trabajo para la empresa ******* y me estaba ayudando Alberto cuando saliste tu y te pusiste perdida de agua.
- ¿Yo? Manolo, creo que te confundes… yo no te he visto nunca antes de hoy.
- ¿Cómo que no? Pero si tu trabajabas en la empresa ******* de Meco ¿no? y allí voy yo a hacer muchos portes.
- Que no Manolo, que no.
- ¡¡Que si mujer!! ¡¡Cómo no te vas a acordar!!
- Manolo que te juro que no, que yo no he trabajado nunca en Meco.
- No me lo puedo creer.
- Que te lo digo en serio hombre, que no era yo.
- Pues tía, hay había una chica igualita que tu, jurao.
- Pues tendré un clon.

Pues ya son tres, y la original, contando que no haya más.

Toda la vida pensando que soy única y resulta que estoy clonada y esparcida por España (espero que sólo sea por España, por el bien de la humanidad).

jueves, 14 de febrero de 2008

San Valentín

Hoy no voy a quejarme de que es San Valentín, de que es sólo un negocio y un invento del Corte Inglés (lo siento, ya me estoy quejando).

Hoy, algo típico de éste día... para todos los que no tengan con quien pasarlo, como yo.

Feliz San Valentín.


Eres viento que sopla y que mueve molino.
Arrecias y azotas, silbas a lo lejos avisando tu llegada,
y cuando te acercas, chocas de golpe contra mi.
A veces amainas, y llegas suave, lento, pausado.
Acaricias mi pelo, mi cuerpo... lo meces,
y yo me abandono al vaivén de tus brazos.
Eres agua que arrasa mis días,
que llueves, que mojas, que sanas...
Agua que limpia mi manantial,
y que bebo sorbo a sorbo para saciar mi sed.
Mas, sobre todo, eres el fuego
que quema mis ganas en la hoguera de tu cuerpo,
que abriga y calienta cada rincón de mi vida
y que me hace arder con el incendio de tus ojos.

martes, 12 de febrero de 2008

El arte de la pesca

El otro día hablaba yo con una de esas personas en principio anónimas y que luego no lo son tanto. Una de esas personas que a mi me gusta llamar Maestros, porque siempre te enseñan algo sin querer – o sin querer queriendo, como decía aquél -, y mientras hablábamos me sorprendió con una gran lección, de esas que jamás olvidas y tratas de aplicar en tu día a día.

Voy a hablarte del pescador y del pescado – me dijo – y del arte de pescar. Y a mi me pareció raro que habláramos de peces cuando yo le había preguntado sobre hombres. Pero callé y escuché, atentamente, sin saber muy bien si me tenía que posicionar del lado del pescador o del pescado.

"Pescar es un arte, y no todo pescador es bueno. Puedes tener buen cebo, buena caña, buen anzuelo, estar en el mejor río y tener la suerte de que en ese instante pase por allí un banco enorme de peces... pero si no sabes pescar, te irás de brazos vacíos. Seguramente algún pez picará el anzuelo, eso seguro. Coleteará lleno de fuerza porque no quiere ser pescado. Entonces el mal pescador dará un tirón de su caña y recogerá el hilo tan rápido como pueda. Craso error, porque el pez usará sus energías para zafarse del anzuelo y lo hará, se liberará, y el pescador se quedará con las manos vacías.

Pero el buen pescador es paciente y tiene su táctica bien aprendida. Cuando el pez pica el anzuelo y coletea lleno de fuerza, le da carrete, le deja moverse, cansarse, pero sin soltar del todo... el pescado pierde energía y es entonces cuando el pescador tira suavemente del hilo, muy poco a poco... El pescado se resistirá, y volverá a colear... y el pescador volverá a soltar carrete dejando que se agote, que deje de resistirse... y cuando así sea, volverá a tirar de él, suavemente, recogiendo el carrete de forma firme, segura... acercándose cada vez más al pescado, a punto de tenerlo en sus manos.
El buen pescador repetirá esta operación cuantas veces sea necesario, hasta que el pez deje de oponerse a ser pescado y caiga rendido en sus manos. Todo un alarde de paciencia, todo un arte."

Lo entendí a la perfección... soy mal pescador. Siempre tiro, inconscientemente, tiro fuerte de la caña cuando el pez pica el anzuelo, y entonces lo pierdo. Pero ahora conozco la forma de hacerlo, y lo haré.

No contento con hablarme de pescadores y pescados, me habló de fútbol y de construcción, aunque la lección venía a ser la misma.

"En el fútbol nunca debes jugar siempre con la misma táctica. Es decir, no puedes jugar siempre al ataque, ni siempre a la defensiva. De nada te sirve jugar al ataque si tu oponente no está a la defensiva. Hay que saber adaptar tu juego a la actitud de tu adversario. Si se repliega, ataca, ataca con tus delanteros, busca un hueco en su defensa y entra en el área. Cuanto más cerca, más posibilidades de marcar. Y si él ataca, defiéndete, que no se rompa tu alineación, no dejes huecos por donde pueda marcarte. Siempre es un tira y afloja, un ataco-defiendo... así es el juego.

Lo mismo con la construcción... Tu no puedes dar siempre cal y no dar arena, porque no conseguirías una masa resistente, sino que se desmoronaría. Hay que dar una de cal y una de arena, a partes iguales, para que la masa sea sólida y la construcción no se venga abajo.

Y ahora, aplícate el cuento pequeña saltamontes – me dijo - , pero eso sí, aunque emplees estas tácticas, nunca dejes de ser tú, porque tu esencia es la base para que todo salga a pedir de boca."


Lo entendí Maestro - le dije-. Dar cera, pulir cera.

domingo, 10 de febrero de 2008

Sólo por un tiempo...



Voy a dejar de soñar por un tiempo, y es que no quiero hacerlo.





No soporto una espalda más cuando ofrezco mi mano.





No soporto un paso atrás cuando yo si avanzo.





No quiero más mentiras ni ilusiones , no las quiero.





A veces quisiera ser gris y carecer de color.





No tener luz que iluminara los pasos que doy.





Y ser ciega y no ver , sorda y no oír , muda y no hablar.





Adentrarme en mis profundidades y cerrar la puerta.





Porque si cierro no entras y si no entras no estás.





Si no estás no eres , y si no eres no existes .





Y lo que no existe, no duele .

viernes, 8 de febrero de 2008

Lista de la compra

- Chubasquero, para no mojarme cuando llueven penas.
- Botas de agua, para pisar sobre los charcos de mierda – y no barro- que se forman cuando llueven penas sin mancharme los pies.
- Paraguas, para usarlo de bastón y no resbalarme, o para usarlo como arma contra cualquiera que lo merezca.¡¡Ah!! y para comprobar la profundidad de los charcos antes de meterme en ellos.
- Careta, para ocultar la cara de imbécil que se me queda a veces con los absurdos... o para que no se vea que llevo escrito en la frente “soy gilipollas, puedes joderme”.
- Un disfraz de mala malísima, para parecerlo al menos, ya que no consigo serlo.
- Un diccionario, pero de los de verdad, no de los de la RAE. Un diccionario donde diga que Si significa No, donde diga que Adelante significa Vete. Sólo así entenderé a la gente.
- Un manual, a juego con el diccionario, que explique cómo no ser uno mismo, cómo no ser natural y espontáneo, y sobre todo que explique cómo se debe actuar y cómo mentir.
- Una goma de borrar. Obvio para qué.
- Un cuaderno de pastas azules – si, como el de un tal Aznar – para escribir una lista negra.
- Un bolígrafo negro, para hacer la lista.
- Una correa corta, muy corta, para atar a mi imaginación.
- Un bozal, para mi boca sincera.
- Una vacuna, contra la rabia..
- Un vaso largo, muy largo, para que no se me llene tan rápido.
- Una sartén, para freír huevos, o hacer huevos revueltos.
- Una cubitera llena de hielos, para estar más fría, ser más fría.
- Papel de aluminio, para envolverme el corazón.
- Una escoba y un recogedor... o un aspirador.
- Una manta que abrigue mucho y me tape los pies.
- Unas zapatillas para correr.
- ....

*Dejo la lista abierta... creo que necesitaré más cosas.

lunes, 4 de febrero de 2008

Novela

Quiero ser novelista del tres al cuarto y escribir una historia mediocre sin intrigas ni giros imprevisibles y trágicos en la trama; una novela de happy ending que no sorprenda, donde todo lo que pasa en ella se esperaba.
Quiero que nadie jamás la publique y que nunca nadie lea mis letras; enterraré cada página donde no puedan ser encontradas.
Y te preguntarás el por qué de este absurdo deseo. Piensa, tu sabes bien el por qué.

jueves, 31 de enero de 2008

La fábula de la serpiente y la luciérnaga

Resulta que hay veces que me pregunto por qué me pasan a mi ciertas cosas. Resulta que hay veces que hay gente que toma actitudes contigo que no son lógicas y que parecen no tener razón o motivo alguno. "No le des vueltas - me dicen - la gente es así". Lo se, la gente es como es, pero yo no entiendo sus motivos. Y cuando no encuentro motivos los busco con más ahínco si cabe.

Buscando motivos me he encontrado con una fábula que quiero compartir con todo el que quiera leerla. En especial para tí, Ele, que no hace mucho me dijiste algo muy parecido a la moraleja de este relato.

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga.
Ésta, huía rápido y con miedo de la feroz depredadora. La serpiente no pensaba desistir y continuaba persiguiéndola.
La luciérnaga huyó un día, y la serpiente no desistía, dos días y nada... En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga se paró y le dijo a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No.
- ¿Yo te hice algún mal?
- No.
- Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar...


Me permito añadir otra frase - no mía, que ya me gustaría - pero no con menos razón que la fábula:
“No hay mayor provocación que ser uno mismo”.

Y a buen entendedor...

miércoles, 30 de enero de 2008

De putas y puteros.

El otro día comentaba con alguien que me río yo de la Calle Montera y sus centenares de señoritas erótico-festivas de previo pago. Nada ¡¡nada!! comparado con lo que se ve en el polígono industrial y aledaños de donde curro, sobre todo teniendo en cuenta que esto no es una gran ciudad como Madrid y que estamos en medio del campo.

Obviaré el par mínimo de señoritas por rotonda que cruzo de camino al trabajo o a casa – mas de 5 y menos de 10 por viaje, dependiendo de la ruta que tome – y me centraré en la zona más próxima a mi trabajo, 2 kilómetros escasos donde es fácil que todos los días ejerzan la profesión más antigua del mundo en torno a 20 mujeres, mayoritariamente del este, contando a veces con alguna sudafricana. Y luego dicen los hombres que no van de putas…¡¡Fíjense ustedes si hay mercado para tantas!!

Carretera secundaria poblada de polígonos industriales a diestro y siniestro, con sus correspondientes cruces y rotondas de entrada, callejones, descampados y un largo etcétera de lugares que invitan a la práctica del oficio. Tráfico siempre cargado, de trabajadores de las distintas empresas, de transportistas y camioneros, en fin, lo normal tratándose de zona industrial. Vamos, que se dan las bases idóneas para que esto se convierta en un foco de prostitución – o en el coño de la Bernarda.-

Vaya por delante que a mi no me molesta en absoluto que cada cual ejerza la profesión que quiera. No soy quien para juzgarlas. De hecho incluso en parte me entretiene sobremanera observar las idas y venidas del negocio, sus pormenores, la clientela, los mirones... es entretenidísimo, salvo cuando quiero irme a casa y tengo que estar 10 minutos de reloj parada en la rotonda esperando que a los conductores de turno se les quite el complejo de niña del exorcista y dejen de girar la cabeza a la vez que aminoran la marcha de su vehículo para observar a las señoritas. O cuando he corrido el riesgo de ser aplastada por algún camión cuyo conductor estaba más atento al panorama que a la carretera y ha invadido en parte el carril contrario.

Todos, absolutamente todos los días podría contar algo al respecto de las putas y puteros del polígono. Podría decir incluso que tengo más que comprobado cuales son las horas o días claves del negocio. Es más, lo voy a hacer:

Horas clave: Entre las 2 y las 4 de la tarde, cualquier día de la semana, es hora punta para las putas. Puteros que salen de currar o están en la hora de la comida, cambian café y copa por mamadita o polvo rápido. Y lo de rápido lo digo con conocimiento de causa ya que en más de una ocasión he podido comprobar que las muchachas no tardan más de 15 minutos en cumplir con los servicios solicitados.

Días clave: los jueves. No me pregunten por qué, que yo no soy ni puta ni putero, pero juro que los jueves está el negocio que echa humo. Sobre todo los primeros jueves de mes. Se ve que recién cobradito se permiten el dudoso gusto de echar un polvo pagando. Eso, o que las putas son como el cine, y en lugar de hacer descuentos el día del espectador hacen descuentos el día del putero, y cae siempre en jueves.

Podría hacer un estudio detallado de la clientela... Siempre nos imaginamos que el típico putero es el varón adulto – casado o no – de entre 40 y 60 años, normalmente poco agraciado físicamente, un tanto solitario, quizá con una vida amargada, o tal vez simplemente un poco vicioso. Pues no señores, no. El cliente actual dista mucho de este prototipo. Ahora puedes ver a muchos chicos jóvenes, de entre 20 y 30 años, la mayoría de muy buen ver y al volante de coches de alta gama. Vamos, que apuesto a que ninguno de ellos tendría problemas en encontrar lo mismo que la puta les ofrece, pero gratis, con cualquier mujer si se lo propusieran.

Y éstos al menos pagan por su recreo y las putas se ganan el sueldo. Pero los hay más listos – o más sucios de moral si cabe – que disfrutan de los servicios pero sin pagar. Son los voyeur, que crecen como una plaga. Raro es el día que no veo algún coche aparcado justo en frente de donde las putas enseñan sus piernas – y otras cosas más que no me atrevo a describir por no herir sensibilidades… si supieran lo que han llegado a ver estos castos ojitos… – contoneándose de manera dudosamente sexy en la mayoría de los casos, buscando atraer clientela. Muchas, muchas veces se puede observar el movimiento ascendente y descendente de uno de los brazos del voyeur de turno. Supongo que no estará sacándole brillo a la palanca de cambios de su coche… que oye, a lo mejor también puede ser y es que yo, como vivo rodeada de todo esto que cuento, ya lo veo todo con mente sucia. Quién sabe… a lo mejor el señor que estaba hoy detrás de la valla de la empresa pegada a la nuestra, dentro del recinto, sólo estaba echando la meada del siglo discretamente de cara al público, y no estaba haciendo lo que a mi me ha parecido… Fíjense si tengo la mente sucia que claramente me ha parecido ver que éste señor se ha bajado de la carretilla elevadora con la que trabajaba y se ha acercado a la valla justo en el momento en que un coche – putero y puta dentro – aparcaba justo enfrente, en un pequeño descampado y se acomodaban en la parte trasera del coche. Fíjense que mal pensada soy que me ha parecido ver cómo el señor carretillero se la meneaba al ritmo de las subidas y bajadas de la puta. Quizá se estaba arrascando la polla porque le picaba, ¿no?. Y a todo esto, a escasos 8 metros estaba yo, junto con otros dos compañeros, fumándonos tranquilamente un cigarro y observando la jugada – la del voyeur, no la otra… aunque reconozco que también hemos mirado…¿a que nos hemos convertido en mirones? No me extraña -. Me han dado ganas de ofrecerle al señor carretillero un cigarrillo para después del trabajito, pero no lo he hecho. ¡¡Encima que disfruta del espectáculo gratis no le voy a regalar un cigarro!!

En vista de todo esto cómo no me voy a reír cuando alguien me dice “hay que ver lo que se ve en Montera”, o “cómo está de putas la casa de campo”, si yo lo veo todos los días.

Y dirán ustedes que qué les importa todo este ajetreo. Ya, lo se, lo se. Pero en mi blog suelo hablar de cosas que me pasan, cosas cotidianas, y a mi esto me pasa día si y día también.

martes, 29 de enero de 2008

Con el puño cerrado

El frío se ha colado en mi interior.
Ha invadido mis arterias y mis venas
en un viaje hacia lo más profundo de mi cuerpo
helándome finalmente la razón.

He apretado los dientes y
con el puño cerrado he gritado
tan fuerte como he podido
clavando las uñas en mis manos.

Y gritaré, si, cuanto haga falta.
Y golpearé en la mesa con fuerza.
No voy a callarme porque esté cansada
ni voy a decir mentiras disfrazadas.

Porque cuando todo parece ir bien
siempre hay algo que va mal.
Y levantas la voz y preguntas por qué,
pero el eco no sabe responder.

Voy a prender fuego a tus fotos
para aliviarme de este frío.
Voy a quemar cada resquicio que quede de ti.
Arderás en la hoguera,
junto a todos los que son como tu,
porque esta vez no, lo siento
pero no voy a sentir pena.

lunes, 28 de enero de 2008

Cobarde

Sigo siendo una cobarde.
Cobarde porque te observo a hurtadillas sin que sepas que te miro.
Cobarde porque ya no me atrevo a creer en lo que siento, y decírtelo.
Cobarde porque tengo miedo de que lo que creo sentir sea verdad... o mentira.
Miedo de caminar hacia ti, miedo de caminar en dirección opuesta.
Hace tiempo me juré que el miedo jamás me paralizaría, y hoy lo vuelve a hacer.
Siempre quise lanzarme a la piscina de cabeza, sin pensármelo dos veces.
En cambio hoy pienso una y otra vez... compruebo la profundidad, tomo la temperatura del agua.
Y nunca me parecen las condiciones idóneas para saltar.... cobarde.
Mientras salto y no, me mojo en otros charcos.
He buscado brazos sustitutos, ojos donde buscarte, besos donde sentirte.
Y de momento me vale, si, me divierto, me satisface.
Pero cuando te miro... cuando te miro quiero estar contigo.
Cuando te miro me das miedo, y me siento más cobarde.
Y es raro que me de cuenta de ello ahora que aún estoy mojada de otros labios,
es raro darse cuenta que después de tanto tiempo eras tú a quien buscaba.
Y cobarde me repliego sobre mi misma para no verte y no tener que decirte
que cada vez son más las dudas que tengo sobre ti y sobre mi.
Cobarde porque no te he dicho que hace dos noches soñé contigo,
que vi tu cara, que vi tus gestos... sentí tus labios, tu aliento.
Cobarde porque se que no soy capaz de susurrar tu nombre,
a pesar de que mis letras lo estén gritando y tu no lo sepas.

Como dos ciegos

A veces cuando te miro creo verme reflejada en tus ojos.
Tal vez sólo sea una ilusión, una quimera producto de mi imaginación
Pero cuando me hablas... cuando me hablas también lo creo.
Creo que me hablas a mí, a la de adentro, la de verdad,
Y no a ésta que está fuera y que a veces no parece enterarse de nada.
Siempre me gustó usar mensajes entre líneas y en cambio
no soporto interpretar tus gestos, tus palabras, tus caricias.
Y me digo que no es cierto que sean sólo eso,
Y al momento el desengaño de saber que no son más.
Me gustaría tener una varita mágica y desvelar tus miedos,
Arroparte con mis brazos y besar tu pelo hasta que duermas.
Y reír a carcajadas contigo, juntos, envueltos entre las sábanas,
Regalarte amaneceres que llenaran tus ojos de alegría.
Susurros, besos, hacer caricias con mi pelo en tu pecho.
Y luego despierto, y no hay nada de eso.
Y me río por ser tan tonta y pensar que quizá tu ya lo sepas
Y como yo, no te lo creas y pienses que es tu mente traicionera.
Como dos ciegos que se dan la espalda mientras se buscan.
No quiero despertar mañana y darme cuenta de haberte perdido
Por no haber dado un paso al frente y haber gritado ¡¡presente!!.
Estoy aquí, como siempre. Estoy aquí por y para ti.

jueves, 24 de enero de 2008

OBSESION

Obsesión.

(Del lat. obsessĭo, -ōnis, asedio).

1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.

2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.

Todos hemos tenido alguna obsesión en algún punto de nuestras vidas. Cuando eres pequeña te obsesiona que los reyes te traigan la Nancy con todos sus complementos. Después te obsesiona esa mochila megasuperfashion con la que serías la reinona de la clase. Te obsesionan los niños, te obsesiona aprobar, te obsesiona hacerte mayor. Cuando eres mayor te obsesiona encontrar un buen curro, te obsesiona crecer como persona, te obsesiona la hipoteca, te obsesiona llegar a fin de mes, te obsesiona encontrar una pareja. En mayor o menor grado, todos hemos padecido o padecemos alguna obsesión, así que sabemos lo que es.

Pues bien, yo como todos sabía lo que era estar obsesionada por algo. Lo que jamás de los jamases hubiera imaginado es que iba a padecer una obsesión del otro lado. Es decir, ser el objeto de la obsesión de alguien.

Solo con escribir los dos párrafos anteriores, con tanta “obsesión” y derivados, me siento agobiada. Así que cuanto más siendo objeto de tal obcecación conmigo. ¡¡Y encima no entiendo a los tios!!

Me explico: hace mas de de año y medio conocí a alguien… Hubo feeling, y bastante más que palabras durante algún tiempo. El tema es que después la cagó. No supo valorar lo que se le ofrecía (que era lo que ambos buscábamos en ese momento) y que se supone que es lo que la gente a cierta edad prefiere: ser amigos, con derecho a roce, pero sin compromiso firme. Sin exigencias, viéndote de vez en cuando, siendo colegas ante todo. No sólo no cuidó eso sino que hizo que lo aborreciera y dejara de tener cualquier tipo de sentimiento hacia él.

No quise mantener ningún contacto con él, ni físico, ni telefónico, ni de cualquier otro tipo. Al principio me dejó en paz aunque de vez en cuando aparecía. Pasaban los meses y sus apariciones eran cada vez más frecuentes: hoy te llamo, mañana 2 mensajes, pasado charlamos en el msn… y mi actitud siempre fría… la suya no tanto. Llegado un punto me cansé, y dejé de contestar sus llamadas, sus mensajes y todo tipo de intentos de acercamiento. Pero él persistía una y otra vez en su intención de que nos volviéramos a ver. De nada me servía hacer caso omiso a sus llamamientos, pues él seguía intentándolo. Y sigue.

Estoy hasta los ovarios de recibir llamadas perdidas a cualquier hora del día o de la noche. Estoy hasta el moño de mensajes que empiezan siendo lastimeros y acaban siendo erótico-festivos. Estoy hasta los cojones de que me tome por tonta y se piense que con sus técnicas zalameras me va a engañar y nos vamos a ver, y nos vamos a volver a acostar. Porque no nos engañemos, lo que quiere es acostarse conmigo, lo se, que nos conocemos. Y vale que quieras currártelo un poco para echar un polvo con alguien que te agrada, pero si no contesta a tus llamadas, ni responde a tus mensajes, si te ha dicho por activa y por pasiva que no hay nada que hacer, ¿¡por qué cojones no deja de acosarme!? Si, acosarme, y doy gracias a que vive a un par de cientos de kilómetros, porque si fuéramos vecinos a lo mejor estaba interponiendo una denuncia y no contándolo en un blog. Es tal su obsesión que le creo más que capaz de llevar a cabo un acoso más físico. ¡¡Y no lo entiendo!! Pudo tener lo que quería y lo descuidó. ¿Ahora a qué coño viene este acoso, esta obsesión? Que yo no le doy pie, que no le contesto, que no hablo con él de ninguna de las maneras posibles, y el contacto físico es poco probable por la distancia que nos separa. ¿Por qué insiste si sabe que no quiero nada?

De verdad que empieza a molestarme muchísimo ver su número reflejado en la pantalla de mi móvil. Empieza a quemarme recibir sus mensajes. Me estoy cansando… no tengo tanta paciencia. Pensé que me dejaría en paz si le ignoraba, pero creo que es peor. Y plantarle cara no sirve, así que qué hago? ¿Lo mato? Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Menos mal que al menos lo tomo con humor, porque si no, no sé qué pasaría…

Añado una acepción a la palabra obsesión: un año y medio de llamadas sin respuesta y seguir insistiendo.