Es el vacío. Reconozco su olor cuando se acerca, cuando me roza. Recuerdo esa sensación que trae la Nada… es como flotar o fluir en tiempo y espacio. Y no sentir, sobre todo es no sentir. Ni bueno ni malo, ni frío ni calor, ni dolor ni placer.
Pero hoy no quiero que me abrace. Reconozco que sería tan fácil dejarse llevar por él y no sentir… sería tan fácil… En cambio mi mente se niega. Sabe que sin él habrá dolor, pero también habrá pasión… sabe que habrá tristeza, pero también alegría… sabe que habrá sufrimiento, pero también felicidad.
Y corro, corro desesperada sin mirar atrás, aunque mi cuerpo a veces no responda y se quede quieto a la espera de que ese vacío le invada. Pero yo lucho contra los dos, y agotada vuelvo a caer al suelo una vez más. Y me levanto, y caigo, y me vuelvo a levantar.
No me cogerás. Mírame bien, porque jamás me tocarás. No vas a volver a invadirme, nunca. Jamás me cansaré de correr.
